Summer.
Después de estar con Nick jugando todo el día en su consola y descubrir que llevamos más de medio año siendo rivales en el mismo juego, se nos hizo más fácil entablar una cercanía.
Una vez que se durmió, salí de su habitación, bajé las escaleras y me adentré en la cocina, para prepararme un sándwich, puse lo que necesitaba en la encimera.
Comencé a preparar un delicioso sándwich, tan concentrada que no sentí quién trabaja bien en la cocina, si no fue hasta que sentí unas manos en mis caderas.
—Donde te metiste en todo el día hermosura.
—Víctor, me asustaste.
Él sonrió, al mismo tiempo que tomó mi sándwich y le dio una mordida.
—Oye, eso es mío.
—Lo sé, por eso me lo estoy comiendo.
—Qué gracioso.
Comencé a preparar otro, él sirvió dos vasos de jugo.
Al terminar, me senté en un banco al lado de él.
—Jamás pensé volver a verte.
—Yo tampoco, pensé que seguías en Irak.
Recordar los días en Irak eran algo dolorosos, ver morir a gente inocente y saber que a los militares no les importaba quién callera, solo ganar.
—Dos meses después de que tú te fuiste, decidí que era mejor dejar eso y seguir con mi vida, en Milán.
—Entonces decidiste ser guardaespaldas.
—Si algo así.
Él levantó una mano y limpió con los dedos la comisura de mis labios. Tragué grueso cuando sus ojos se cruzaron con los míos, se fue acercando poco a poco hasta estar sus labios casi pegados a los míos y cuando estaba por besarme, una voz hizo que nos separamos de golpe.
—Interrumpo algo.
Enzio.
Me encontraba en mi oficina terminando de firmar unos documentos del hotel en Londres cuando vi por las cámaras de seguridad a Summer. Estaba muy entretenida jugando con mi hijo, él parecía divertirse mucho, eso me agradaba, había aceptado a su guardaespaldas mejor de lo que yo pensaba.
Por otro lado, se me hizo raro no ver a Sabrina, en el salón de juegos. Se supone que ella es la niñera y tiene que estar ahí por si se le ofrece algo.
No di más importancia y seguí trabajando, después de algunas horas, Carson entro como siempre sin tocar.
—Ya mis hombres hicieron su rondín y todo está seguro, los guardias están en sus respectivos puestos.
—Y la señorita Summer.
—No se supongo que ya debe de estar en su habitación, lo último que supe fue que había acostado a Nick, hizo su recorrido por el lugar y luego se fue descansar.
—Lo bueno que no tuvo problemas con Nick como los demás guardaespaldas.
Mi amigo sonrió y luego recorrió mi despacho con la mirada, frunció el ceño y vio la hora en su reloj.
—Ya deja eso y vamos a cenar algo antes de irme a dormir.
Cerré la Notebook, estiré los brazos, por estar sumergido en el trabajo, no había cenado nada.
—Con tanto trabajo no me di cuenta de la hora.
—Si de eso me di cuenta ya deja eso y vamos.
Me levanté y caminé junto a Carson a la salida. Ya en el camino íbamos hablando de que mañana Nick regresaba a la escuela y que, por protocolo, tenía que ir a presentar a la directora y al nuevo maestro a Summer.
Llegamos a la cocina y vimos que la luz estaba prendida. Abrimos la puerta para ver quién estaba. Para mí, la sorpresa era Summer con Víctor, el cual estaba a punto de darle un beso. Algo en mí reaccionó de manera inusual y caminé hasta donde ellos estaban. No habían notado mi presencia, así que tuve que hablar para que se separaran.
—Interrumpo algo.
Ellos se separaron de golpe, al ver qué no responderían volví a repetir.
—Preguntaré de nuevo. ¿Interrumpo algo?
Víctor se levantó del banco con algo de nervios.
—No
Esa fue su repuesta, la de ella me sorprendió.
—Si
La vi fijamente, mientras Carson soltó una pequeña risa por su respuesta.
—Señor Foster, me hace el favor de retirarse.
—S-Si señor.
Él salió rápidamente, yo me paré frente a Summer quien tenía cara de enojo.
—Señorita Valentain creo haberle dicho que estaban prohibidas las relaciones amorosas entre compañeros de trabajo.
Carson me vio con el ceño fruncido y negó con la cabeza.
—Si me disculpa, señor, no estábamos haciendo nada.
—No mienta señorita.
—Simplemente, cenábamos juntos, se metió una basurita en el ojo y él estaba soplando para que se saliera o acaso sucedió otra cosa.
—Me va a negar que estaban a punto de besarse.
—Si me disculpa, señor, no tengo que darle explicaciones, es mi jefe, no mi dueño, con su permiso tengo que ir a descansar.
—Señorita, aún no termino.
—Pero yo sí.
Ella salió dejándome con la palabra en la boca, Carson de inmediato soltó una carcajada que estaba reteniendo.
—Ja, ja, ja, valla hasta que llegó la horma de tu zapato, esa mujer, es de carácter indomable.
—No me causa nada de gracia, lo sabes.
—Pero a mí sí. Sabes no entiendo de dónde sacaste que entre compañeros no puede ver ninguna relación, eso es una total mentira porque si fuera así Renzo y Catalina no estarían casados.
Dime mi querido amigo por qué hiciste eso.
—Solo no quiero que se entrometa con nadie y descuide a mi hijo por estar en lios amorosos.
—Hay amigo, creo que hay un motivo más, pero cuando estés listo, me lo dirás.
—Sabes que se me quitaron las ganas de cenar, nos vemos mañana.
Él volvió a soltar otra carcajada, la cual me irritaba.
Salí de la cocina, y camine hasta llegar al pasillo donde se hospedaba Summer, me acerque para tocar y noté que la puerta estaba entre abierta, sin querer vi cuando Summer se deshacía de su ropa quedando en ropa interior, sus pechos eran redondeos y firmes estaban cubiertos por un brasier de encaje n***o, su vientre plano algo marcado muy ligero, su entrepierna era cubierta por un diminuto bóxer de encaje.
No podía apartar la visita de su cuerpo y menos cuando me dio la espalda y aprecié ese trasero, era redondo y parado, sus glúteos se apreciaban perfectamente con ese bóxer. Mi pene reaccionó al instante, me sentí como un pervertido asechado a su presa, me obligue a salir de mi trance, retrocedí unos paso y me aleje rápido de ahí, subí al segundo piso y entre a mi habitación, mi pecho estaba acelerado y mi piel caliente, no podía creer que con solo verla me había excitado más que cualquier mujer, más que Sabrina e incluso más que mi difunta esposa.
Sacudí mi cabeza y caminé hasta el baño, me quité la ropa y me dispuse a tomar un baño de agua fría. Tenía que bajarme, esta maldita erección, pero fue inútil. Las imágenes del cuerpo de Summer pasaban una y otra vez, como si de una película se tratara. No tuve remedio que comenzar a masajear mi pene para poder calmar esta necesidad de ir a esa habitación y poseer a mi gusto a esa mujer.
Comencé a masturbarme a gran velocidad, mientras pensaba que la tenía en este mismo baño y la penetraba con fuerza. A cada imagen daba un jadeo; hasta que salió todo lo que tenía dentro.
—Summer ahhh.
Una vez satisfecho, recargue mi cabeza, en la losa, maldije por haber pensado en mi guardaespaldas y más por parecer un adolescente calenturiento.
Terminé de bañarme, me puse la pijama y me dormí con el recuerdo de lo que acababa de hacer.
Al otro día muy temprano y como de costumbre me levanté y salí al gimnasio. En el lugar ya se encontraban varios de mis hombres haciendo ejercicio y otros entrenando entre ellos, subí a una caminadora, y comencé a correr cuando a lo lejos vi a Summer golpeando un saco de arena, varios la observaban de la misma forma que yo, en especial Víctor quien no dejaba de babear por ella.
—Si te la sigues comiendo con la mirada, todos se darán cuenta de que te gusta tu guardaespaldas.
Volteo a ver al hombre proveniente de esa voz.
—No sé de qué estás hablando, esa mujer no me gusta.
—Hay, amigo, eres tan necio que no te das cuenta.
Ignore por completo a Carson, me dije a mí mismo que ella no me gustaba.
_ Y entonces que fue lo de anoche.
Me cuestiona, pero no es, no me podía gustar.
Terminé de correr y me fui a bañar, para bajar a almorzar con mi hijo.
Una vez listo, bajé. Mi pequeño estaba sentado, con Sabrina a su lado.
—Papi.
—Buenos días, hijo, Sabrina.
—Buenos días, señor.
No paso desapercibida la sonrisa coqueta que Sabrina me había dado.
—Campeón listo para la escuela.
Él me sonrió y asintió con la cabeza, me senté y noté que movía su fruta de un lado a otro. Eso era señal de que algo me quería decir.
—Hijo, ¿quieres decirme algo?
Él agachó la cabeza.
—Corazón, te está hablando tu papá.
—Quería saber si Summer podía almorzar con nosotros.
Me sorprendió lo que me dijo. Nunca me había pedido que uno de sus guardaespaldas se sentara en la mesa con nosotros. Es más, ni siquiera Sabrina que era su niñera, si está aquí es porque a veces no puedo almorzar con él y se lo pedí para que no lo hiciera solo.
—No creo que sea lo correcto, Nicolás, ella solo es tu guardaespaldas, es una empleada más, solo imagínate lo que pensarían tus amigos si saben que tu empleada se sienta en la misma mesa que tú.
Volteó a ver a Sabrina, que se cree esa mujer, para expresarse así de Summer.
—Lo mismo que piensan que tú estés en la mesa.
Dijo mi hijo defendiendo a Summer. La cara de Sabrina se descolocó por completo.
—Yo soy más que tú niñera. Soy como de la familia, no es así Enzio.
No le contesté para no entrar en conflictos.
—Ella te agrada mucho no es así.
—Si ella es genial.
Le sonreí a mi hijo, me agradaba la idea de que él y Summer se llevarán bien. Le di indicaciones a un guardia que le llamara a Summer para que le hablara.
No tardó ni cinco minutos cuando estaba parada en la entrada del comedor.
—Me llamo señor.
Se veía tan sensual con su cabello en una cola alta y con unos mechones saliendo. Traía un pantalón de vestir el cual le quedaba entallado, lo complementaban una blusa blanca semi trasparente y un blazer n***o.
—Si por favor toma asiento partir de hoy almorzarás, comerás y cenaras con nosotros.
—Pero señor no creo que eso sea correcto.
Ella trato de negarse pero no iba a dejar que mi hijo se desilusiónara.
—No es una pregunta es una orden.
Mi hijo la quería cerda y así iba a ser aún en el fondo yo también lo quería pero no lo iba a admitir.