P.O.V TOMÁS El zumbido del proyector llenaba el silencio de la sala táctica. El mapa tridimensional de la región montañosa de Kaliningrado giraba en el aire, cada línea trazada con precisión quirúrgica. Luccas estaba a mi lado, cruzado de brazos, con el ceño fruncido mientras analizábamos cada posible escondite. Las luces de la mansión estaban tenues, como si la noche supiera que algo grande estaba por suceder. La imagen se detuvo sobre una zona boscosa. Infraestructura subterránea. Acceso camuflado. Señales térmicas tenues, pero constantes. —Ahí —dije con la voz seca—. Esos puntos no son corrientes. Están demasiado espaciados, demasiado simétricos. Eso no es casualidad. —Lo cruzamos con los datos del satélite espía que conseguimos hace dos horas —contestó Luccas mientras manipulaba la

