P.O.V. Melissa Aún tenía el olor de su piel en mi cuerpo. El calor de sus manos seguía recorriéndome como una promesa. Pero sabía que no bastaba. Nada bastaba cuando la verdad era un campo minado, cuando el silencio pesaba más que cualquier herida abierta. Tomás dormía a mi lado, o fingía hacerlo. Su respiración era profunda, pero su ceño fruncido delataba que su mente estaba lejos, tan lejos como su pasado. Yo tampoco podía cerrar los ojos. Mi corazón latía lento pero tenso, como si anticipara algo… como si una tormenta se estuviera formando, en silencio, dentro de las paredes de este hogar que apenas habíamos reconstruido. La madrugada se fue desvaneciendo hasta que la luz tenue del amanecer empezó a colarse por las cortinas. Me levanté en silencio, buscando algo de ropa, algo de pr

