P.O.V. Tomás Londres. Nada había cambiado… y, sin embargo, todo era distinto. El cielo gris me recibió como una vieja advertencia. Las calles mojadas, el frío calando hasta los huesos, el eco de un pasado que no sabía si merecía recuperar. Pero ahí estaba. Otra vez en casa. Aunque no sabía si esa palabra aún tenía sentido. Respiré hondo al bajarme del auto. El chofer cerró la puerta sin decir palabra. Frente a mí, el edificio que protegía lo más valioso que me quedaba en este mundo, Melissa y Patrick. —Tómate la noche libre —le dije al conductor. —¿Está seguro, señor Moretti? Asentí, sin girarme. Subí las escaleras como si el tiempo pesara en cada peldaño. No toqué la puerta. Tenía la llave, aunque lo que más me preocupaba era que no me pude comunicar con Melissa. Al abrir, el calor d

