Inclinada frente al espejo, termino de aplicarme un poco de labial. Ya estoy lista para salir, ya estoy más que lista para atender a la visita. Trato de no reírme mientras mi mente recrea posibles escenarios de lo que se será ese momento. Trato de no hacerlo porque hay un ñoño acostado en la cama, aun con la toalla en su cintura, mirándome con una intensidad que hace vibrar el estómago. De reojo lo veo, tiene sus manos detrás de la cabeza y cuando se acostó muy cómodo sobre la cama, dejó en claro que contemplaría a su esposa alistarse. Hace un momento dijo que le parecía fascinante como es que debajo de tanta hermosa y perfecta elegancia, se oculta una mente desgraciada, bastante nieta de puta. Más de quince años han trascurrido desde que nos conocemos y el ñoño sabelotodo aún no supera m

