Si hubiera sabido que las seis horas de este vuelo hacia Boston iban a ser un completo cementerio debido al silencio sepulcral que ha reinado desde que salimos de Italia, hubiera movido todos mis medio para traer a Roberto conmigo y así no sentirme tan ignorada. Al menos me he distraído con toda la información que Siena me ha dado sobre la boda. Me he mantenido con la mente ocupada, organizando con más orden lo que logramos conversar en la villa. Cada idea, cada petición de ella, cada exigencia de Eros. Todo lo he ido reorganizando durante estas horas de vuelo con bastante entusiasmo, siendo consciente de las miradas que le lanza. Pero yo no quiero miradas, yo quiero palabras, acercamiento, toques. A él. —Has estado durante horas trabajando en eso —me dice con ese vozarrón que me descont

