Me levanto rápidamente de la cama cuando oigo sus arcadas dentro del baño. Él se siente mal, yo realmente me preocupé por él y así me paga. No sé qué rayos le sucedió, no sé las razones de su arrebato. Yo me disculpé con él por haberle hablado de esa manera tan demandante, ¿por qué su trato? —Stephan, abre la puerta —le pido, dejando un toque tras otro—. Abre la puerta, por favor… —Un momento, Hera —gruñe, volviendo a dejar salir lo que sea que le sentó mal. Mi estómago se encoge ante el sonido y la preocupación en mí aumenta cada vez más—. Solo dame un momento… —Ábrela —insisto, posando la frente contra la madera, mentalizándome que debo ser un apoyo y no un grano en su trasero. Está irritado y si continúo dando órdenes, será peor—. Abre la puerta, por favor. Permite ayudarte… El sile

