POV Hera No dejo de acariciar sus manos. Las froto con cuidado para no lastimarlo, aunque me ha asegurado que no le duelen en lo más mínimo. Aquí, sentados casi cerca del césped, lloramos, nos calmamos y mientras él continuó fumándose el habano que mi padre le ofreció, yo con la falda de mi vestido limpié la sangre húmeda, casi seca, de las heridas que se hizo en sus manos por haber destrozado la mesa de cristal. Estuvimos conversando también en bajos susurros sobre todo lo ocurrido, exponiendo nuestros sentimientos y lo que ahora haremos. Y así estuvimos mientras los minutos pasaron hasta convertirse en horas. «O eso creo, porque llevamos bastante tiempo aquí afuera» No quise ingresar a la casa de inmediato para darle tiempo a mi padre y a mi tío a que limpiaran todo. No quise que Ste

