—¿Qué le ha parecido mi hogar hasta ahora, Daven? Quiero estrangularlo. Las ganas de hacerlo son tan impetuosas que literalmente mis palmas están hormigueando, el sudor se acumula en mi frente, mi dragón siseando como una jodida serpiente y afilando sus garras con nada más que sus escamas. El pobre caballo creo que podría estar asfixiándose por la presión que ejerzo en su torso con mis muslos, pero no puedo evitarlo. Odio es una denominación muy pueril, deficiente, para la cuantía de desprecio, rabia y resquemor que inunda mis poros cuando estoy cerca de él. Bañarme en su sangre suena asqueroso y repugnante, pero inexplicablemente atractivo también. —Es una maravilla que debe ser venerada hasta por los mismos Dioses, Alair — j***r, espero que no haya notado el sarcasmo rascand

