Mientras hablaba, Charles se acercó y le frotó el brazo. Mi impresión de que era más que un simple gesto amistoso se consolidó más tarde esa noche, cuando hablamos de cómo dormir. Les ofrecí montar la tienda de campaña para tener tres plazas separadas (además de las dos camas de la furgoneta), pero dijeron, con cierta timidez, que preferían llevar la tienda. Dado que Charles tenía una grave contusión en la cadera, les ofrecí dormir en la furgoneta, pero insistieron. Esa noche dibujé una imagen de Charles y Daniel sentados juntos junto al fuego. Intenté capturar la sensación de amor y seguridad que emanaba de ellos en oleadas. Mi dibujo no era perfecto, pero pensé que hacía justicia a su amor mutuo. Al mediodía del día siguiente, llegamos al pueblo más cercano y nos enteramos de que la mo

