NARRA TANDRED: Todavía no creo la increíble noche de bodas que tuve con mi esposa. De solo pensar en todo lo que hicimos me acaloro. Estoy jugando con mi hijo y cada tanto miro a Drina que conversa con mi hermana, la cual no para de reír y sorprenderse. Drina está roja, por lo tanto, debe estar contándole lo que paso anoche. Sonrió como un estúpido mirándola y recibo un pelotazo en mis partes que me tira al suelo agarrándome la entrepierna y gritando de dolor. —¡Ha! Mierda... —suelto, pero trato de no quejarme ya que los niños me miran con miedo. —Tío, lo siento. Fue sin querer —se lamenta Lucio. —No pasa nada —le digo con la voz estrangulada, se acerca Máximo y me mira desde su altura y me tiende una mano. —¿Hielo? —pregunta con una sonrisa de compasión. —Puede ser —digo

