Un año después…
La policía descubrió el cadáver de un hombre que daban por desaparecido, la última vez que lo vieron sus familiares fue con su esposa que estaba embarazada.
Cuando Mery escuchó la noticia fue como si le hubieran lanzado un balde de agua a la cara.
—No puede ser…
Se quedó viendo las imágenes de la pareja desaparecida. Pero se congeló al ver la foto de la mujer.
—Yoli –dijo, Mery, al mismo tiempo que el policía tras la pantalla del televisor.
Mery dejó caer el vaso de agua.
César, su hermano estaba ahí, como un testigo de lo que ocurría con ella.
—¿Te sientes bien, flaquita?
—No.
—Relájate… toma asiento.
Pero para Mery, era como tener algo atorado en la garganta, y ese algo no la dejaba en paz.
Pasó varios minutos y ella no lograba calmarse, ni tan solo controlarse. Necesitaba estar sola y pensar. Salió sola, a pesar de que César se ofreció acompañarla.
Caminó sin rumbo, por varios minutos.
Cuando vio pasar un coche común y corriente blanco, sintió un amasijo de sensaciones la invadía, sentía miedo y ansiedad. Terror injustificado. Pero sabía que todo eso era a causa del accidente. Deseaba tanto comprender, si tan solo pudiera recordar lo que le ha pasado, no se sentiría tan perdida ni tan vacía… o tal vez sí.
Su hermano la encontró junto a la avenida, absorta en sus pensamientos. Daba la impresión de que tenía la intención de saltar.
—Mery…
La retuvo sujetándola de los brazos, Mery lo miró a los ojos, y parecía que no lo reconocía de nada.
—Volvamos a casa… —le dijo, él.
—No…
Mery retrocedió de una, como si él fuera un desconocido.
—¿Qué haces flaquita…? Podrías lastimarte.
—¡No!
César trataba de calmarla, pero ella, no reaccionaba.
Mery le propinó un golpe bajo y él cayó al suelo, soltando alaridos del dolor. Recién ahí cayó en cuenta de todo.
—Perdoname, perdoname gordo… —le decía, arrepentida.
Luego de varios minutos Cesar pudo hablar.
—¿Qué tienes en la cabeza, flaquita? No sé qué onda con vos… estás rara…
Mery se sinceró con él, no tenía otra forma de procesar lo que le estaba ocurriendo.
—No lo sé, siento que algo no está nada bien…
—Eso lo sé…
—No de esa forma, gordi, hablo del accidente que dicen que tuve.
—¿Qué dicen que tuve? —repite él.
—Escúchame bien, gordi, sé que quizás crees que exagero… pero he comenzado a recordar…
Y lo que se me viene a la cabeza… es algo completamente diferente a lo que todos dicen que pasó.
Cesar tenía las mismas dudas que ella, y vio que ese era el mejor momento para hablar de eso.
—Lo que no puedo entender es qué diablos hacías en esa carretera…
—No lo sé… no lo recuerdo…
—Eso explica hasta cierto punto que nunca quieras tocar ese tema…
—Solo no quiero que se lo cuentes a nadie… menos a papá y a mamá, sabes que se preocuparían si…
—Mi boca está sellada.
—Ahora volvamos, necesito descansar…
—Como digas, flaquita, como digas…