Al abrir la puerta, Robert Johnson clavó la mirada en Astrid, la mujer se encontraba en la cama contemplando la televisión, llevaba dos meses secuestrada por ese hombre, un loco y depravado que no lograba entender que ella ya no lo amaba, pero el hombre era tan cerrado que la tenía ahí, encerrada en esa enorme mansión y vigilada por ese tipo llamado cangrejo. A pesar de que podía salir y caminar alrededor de la playa y los senderos que rodeaban la casa, el tal cangrejo no se le despegaba ningún instante, para ser más claros hasta la respiración le controlaba. Empezaba a cansarse de toda esa situación, había intentado escapar un sin número de veces, pero en todas había fracasado, hace exactamente unas semanas se resignó a qué ese hombre no la dejaría en paz, hasta que lo ame otra vez. —¿

