Dejé a papá trabajar, después de conversar por casi una hora con él. Mi padre era una persona muy ocupada, pero siempre tenía tiempo para Dag y para mí. La oficina de mamá estaba vacía, de seguro estaba en casa, como siempre. Muy rara vez la podías ver por los pasillos del piso veinte. Me detuve un segundo y miré hacia mi oficina, aquella que yo tampoco ocupaba, porque detestaba trabajar ahí. Me debatí mentalmente si ir o no. De seguro estaba él ahí. Había olvidado preguntárselo a papá. Respiré profundo y me decidí. Esto formaba parte de joderle su existencia. Caminé rápido hacia mi oficina y una vez ahí, abrí la puerta de golpe. Efectivamente, él estaba ocupando mi oficina. Me miró serio, con una ceja arqueada, mientras continuaba escribiendo en el computador sin mirar la pantalla. —¿N

