Las caricias en mi rostro me despertaron. Abrí los ojos lentamente y su rostro apareció frente a mí. Me quejé, porque me había quedado dormida por mucho tiempo y no había alcanzado a arrancar de esa habitación. —Duerme —me susurró —. Mantendremos una tregua hasta que te recuperes. Yo no quería ninguna tregua con él, yo quería la guerra. Pero mis ojitos se volvieron a cerrar y no supe más de la vida. Desperté en la noche. No sabía qué hora era, pero ya me sentía mucho mejor. Estaba sola en la cama, así que, me levanté. La habitación estaba oscura y yo aún me estaba restregando los ojos para lograr despertar bien. Estaba llegando a la puerta, cuando alguien la abrió. Era él. Estaba con su torso desnudo y solo llevaba el pantalón del pijama puesto. Me quedó mirando asombrado, como si no s

