Desde que le dije a Viviana que nos íbamos a Italia, se volvió como paranoica de la alegría. Hasta andaba repitiendo por toda la casa palabras y frases en el idioma, cosa que me pereció muy divertida de ella, empeñada en aprender para poder comunicarse mejor. Esa semana que dejé intermedio para este viaje, dando tiempo a Viviana a preparar las maletas y lo que fuera que iba a necesitar, fue la semana más larga de mi vida. Tuve que lidiar con un Peter decidido a hacerme cambiar de rumbo, tal cual mi secretaria, sin resultado positivo alguno. Iría de todas formas pase lo que pase. Tuve la osadía de no decirle nada a Emily hasta que estuviera en el lugar. Habíamos intercambiado mensajes y estábamos bien. ¡Como amigos, claro! Incluso pude sacarle su dirección con estrategias para que no so

