Amo mi profesión. Todos mis pacientes eran importantes para mí. Sin excepción ninguna. Y quería ayudar, sin dudas, a todos y a cada uno de ellos. Me comprometía en que salieran del ingreso, sanos. Esa era mi meta. Sin embargo, algún que otro me afectaba de alguna forma en particular. Y éste, Noah, era uno de ellos. Noah, era un hombre inteligente y con convicción realista. Me preguntaba a menudo, ¡¿cómo era que, con estas características, había podido caer en esta situación?! Aprieto el control de la puerta del garaje, parqueo, y desciendo, todo esto en conciencia automática, con la historia de mi paciente en mente todavía, hasta que veo la puerta que comunica la casa con el garaje abrirse, dejándome ver a mi esposa, que me recibe preocupada. Toma mi cara con sus manos y junta sus labios

