Thiago POV'S
El camino de regreso a casa fue peor que el de ida. Ambos estábamos tensos, sentía la sangre hervirme.
- Dejaste toda la cena, ¿acaso no piensas comer mientras estés conmigo? - le pregunté enojado apretando el volante.
-No me gusta el Sushi, tampoco como camarones y odié el ambiente. No me sentía cómoda allí - me contestó cortante
- ¿Cómo te vas a sentir cómoda con ese vestido puesto? - le pregunté cabreado.
-A ver! ¡Te recuerdo que tú y yo no somos nada! ¡No eres quien para celarme! ¡Ni siquiera mi novio se metía con la ropa que decidía ponerme! ¡Este vestido fuiste tú mismo que lo compraste! ¡Allí nadie dijo nada sobre mí! ¡Deja tus malditos celos y tu furia! - me gritó
Golpeé el volante.
-Eres mía! ¡Por lo tanto, yo puedo celarte y hacer contigo lo que se me de mi maldita gana! ¡Te secuestré Antonella! ¡Me perteneces! ¡Nadie dijo nada sobre ti, pero no te quitaban los ojos de encima! ¡Y eso ya es suficiente! - le grité acelerando el auto.
-No soy tuya! ¡No soy tuya Thiago! - me gritó con su voz entrecortada
-Si lo eres! ¡Si lo eres! ¡¿Acaso tengo que tocarte para que lo afirmes?! ¡Te he tratado bien! ¡Te he respetado, te he llevado suave y tu solo sabes quejarte y provocarme! ¡Adáptate a esta vida porque es la que te espera por mucho tiempo! - le grité
-Es lo menos que puedes hacer por mí, no tocarme a la fuerza. ¡Es lo único que te falta! ¡Y no has sido bueno conmigo! ¡Te recuerdo que me quitaste mi vida! ¡Me lo arrebataste todo! - me gritó
Negué con la cabeza.
-Acaso no tienes madre? ¿No tienes hermanas? ¡Soy lo único que tiene mi mamá! ¡Piensa como debe sentirse! Imagínate que te arrebaten lo que más amas en esta vida. Así se siente mi mamá y así también me siento yo- volvió hablarme esta vez con la voz baja y rota, sabía que ya estaba llorando, pero no quería mirarla, era la segunda mujer a quien odiaba ver llorar
Tragué en seco.
-Debiste haber llevado aquella otra mujer que mencionó ese señor- me dijo fríamente.
La sangre me subió a la cabeza.
-No vuelvas a mencionar nada sobre esa mujer. No te incumbe mi pasado- le contesté duro.
-Tu si puedes saber todo de mí, pero yo no puedo saber absolutamente nada de ti, ¡ni siquiera sé qué edad tienes! ¡Si tienes hijos, familia! ¡No sé absolutamente nada de ti! ¿Como diablos quieres que confíe y me deje llevar por ti? ¡Ni siquiera sé que es lo que en verdad quieres conmigo! ¡No sé qué verdaderamente hacer y cuáles son tus razones! ¿Sabes quién soy, pero y yo? ¡Yo no sé nada de ti! - me gritó llorando.
Fue allí cuando me di cuenta de que en verdad si estaba sufriendo, nunca he dudado de su dolor porque sé que es un cambio repentino el que le hice en su vida, pero mierda, si tal vez me entendiera a mí. Sabía que tenía que hacer algo.
Me quedé callado y no le dije ni una sola palabra. Solo la escuchaba sollozar. Estacioné frente a la puerta de la casona y me bajé del auto para ayudarla a bajar. Se negó rotundamente. Aun así, no le dije nada y sin pensarlo dos veces la cargué en mis brazos. Los guardias me abrieron la puerta para poder pasar, caminé y subí las escaleras con ella apegada a mi pecho, pero tapando su cara para que no la viera llorar.
Entre a nuestra habitación y la deposité sobre la cama, inmediatamente se hizo bolita y hundió su rostro entre las almohadas. Quité sus tacones y la tapé con la frisa.
Me dirigí a mi closet, quité mi chaqueta y también mi camisa quedándome con el torso desnudo. De mi gaveta saqué un teléfono y se lo coloqué a Antonella encima de la cama.
-Tienes 5 minutos para llamar a tu mamá, ahora regreso- le dije mirándola echada en la cama aún con su rostro entre las almohadas y saliendo de aquella habitación para fumarme un porro.
La vida me había golpeado muchas veces, no una ni dos, nadie se imagina lo que he pasado, me obsesioné con Antonella, pero nunca mi pensar con ella ha sido hacerle daño. No todos los mafiosos somos iguales, mi caso es muy diferente. Encendí el porro y me metí a mi computadora, escucharía que le diría Antonella a su madre, ahí me daría cuenta si en verdad podía entregarme a ella.
El teléfono sonó unas varias veces hasta que contestaron.
Inicio de llamada.
-Hola- se escuchó una voz desganada del otro lado del teléfono
-Mamá? Mamá soy yo, Antonella- la escuché decir con la voz entrecortada
-Hija por Dios! ¿Mi chiquita donde estas? ¿Qué te pasó, estas bien mi amor? ¿Dime que te pasó, dime donde estas? - le dijo la señora con una voz rota llorando.
-Mamá me secuestraron, pero estoy bien. Estoy sana mamá, no me han golpeado ni me han tratado mal, por favor no vayas a cometer ninguna estupidez- le dijo Antonella hablándole con rapidez entre sollozos.
-No hija! ¡No! ¡¿Quién te tiene?! ¿¡Dime quien te tiene!?- le gritó la señora al teléfono yéndose en un llanto más profundo.
- Mamá no puedo decirte absolutamente más nada solo te pido que confíes es mí, voy a estar bien, te lo prometo. Te voy a llamar cada cierto tiempo, solo preocúpate tú por estar bien, come y tomate todas tus pastillas, mantén tu trabajo y tu relación, yo se cuidarme sola- le dijo Antonella al teléfono para transmitirle seguridad.
-Como pretendes que voy a estar bien sabiendo que estas en manos de un secuestrador? ¡¿Que se supone que le diga a Peter?!- le preguntó su madre desesperada.
-Solo dile que estoy bien y que nuestra relación lamentablemente llegó a su fin- le contestó Antonella.
-Hija no puedo estar tranquila, eres mi bebé, nunca estarás a salvo en manos de un delincuente- le dijo la señora llorando.
-Mamá él no es tan malo, prométeme que te cuidarás, prométemelo, mamá- le habló con un tono fuerte su hija.
Se escuchó la voz de su madre sollozar.
-Te lo prometo hija, te amo- le contestó entre llantos.
-Yo te amo más mamá, adiós - se escuchó la voz a medias de Antonella.
Fin de la llamada.
Tragué en seco.
Apagué el porro y pasé mis manos por mi cabello despeinándolo desesperadamente, me sentía muy mal y nunca me había pasado esto, he hecho cosas horribles en esta vida, pero esta vez me dolía, porque no quería hacerle daño. Les juro que mi intención no era esa. Salí de mi despacho y caminando unos cuantos pasos, entré nuevamente a la habitación, cerrando la puerta detrás de mí la busqué con la mirada, me senté en el sofá de la habitación frente a cama.
-Me llamo Thiago Coleman, tengo 26 años y soy italiano. Me dedico a la venta de drogas, el tráfico de armas y el tráfico de órganos. Mi madre también es italiana y vive a unos cuantos kilómetros de aquí, mi papá nos abandonó y tengo una hermana que vive en Colombia a la que quiero mucho, también tengo un hermano, pero no lo considero de tal forma ya que también nos abandonó cuando un día lo necesitamos, es policía. Mi vida no ha sido nada fácil Antonella, por lo cual no se la cuento a todo el mundo, tu aún no me entenderías, pero este es mi método de cuidarme, sé que te secuestré y que no te he dado ninguna explicación obvia por la cual lo hice, pero no quiero hacerte daño, ¿sí? Te vi tan frágil, tan pequeña, tan diferente a todas, te vi tan hermosa, fue algo que ni siquiera puedo explicar, porque nadie me entendería, pero lo último que haría intencionalmente seria hacerte daño, no soy lo que parezco, sé que me tienes miedo cuando me acerco mucho a ti, puedo sentir tu pesada respiración y también lo rápido que late tu corazón, puedo sentir que haces las cosas de manera forzada por que te las pido, sé que no estas a gusto con todo esto, pero si te dejas llevar por mí las cosas serán diferentes- le hablé con la voz baja pero audible
Se sentó en la cama en forma mariposa y me miró.
-Eres un mafioso entonces? ¿Te dedicas a observar mujeres desde hace años y luego la secuestras? - me preguntó indiferente
La miré.
-No, no secuestro mujeres ni tampoco las prostituyo. Eso para mi es lo peor que puede hacer un ser humano. Aunque no lo creas respeto mucho las mujeres por que vengo de una, puedo ser lo peor, pero a las mujeres no las toco. Si entiendes que por qué te secuestré a ti, ya para mí esto es una costumbre, déjame decirte que te equivocas, eres la primera mujer a la que secuestro- le dije mirándola, me miraba muy atenta, era la primera vez que me miraba de esa forma, cuando no le interesaba lo que le decía o no me miraba o me ignoraba, pero justo ahora su mirada penetrante esta sobre mí.
-Por lo menos tienes eso bueno, que sabes el valor de la mujer- me contestó mordiéndose los labios.
-No hagas eso Antonella- inmediatamente le ordené
Me miró extrañada.
-Qué cosa? - me preguntó confundida
-Te estas mordiendo los labios- le dije mirando sus labios.
Sonrió avergonzada
-Ese no es el tema Thiago, deja de fijarte en mis labios y continúa hablando- me dijo rodando los ojos.
-No me puedo concentrar, me pones demasiado caliente incluso sin hacer nada, imagínate haciendo gestos como esos. Lo siento, pero tengo que ser sincero, mi perdición fuiste tú desde que te vi aquel día cuando ibas de regreso a tu casa, bendito sea el que escribió nuestro destino y coordinó la hora en que ambos estuviéramos en la misma avenida, se lo agradezco en el alma- le dije mirándola a los ojos.
Agachó la cabeza sonrojada. Era la primera vez que pasábamos unos cuantos minutos hablando sin gritarnos, ven cómo van cambiando las cosas? No me quiero ilusionar, pero esta mierda me encanta.