Seraphina respiraba con dificultad, sintiendo cómo el sudor se deslizaba por su frente y bajaba por su cuello. Garran la observaba con algo de frustración y respeto, sus movimientos ahora eran más calculados, menos confiados. Había aprendido la lección: la mujercita no era presa fácil. Pero la rubia sabía que esquivar solo la llevaría hasta cierto punto. El lobo era grande, sí, pero también resistente. Tenía la capacidad de absorber golpes que derribarían a guerreros más pequeños. Y ella, a pesar de toda su técnica, no poseía la fuerza bruta necesaria para acabarlo solo con sus puños y patadas. «Necesito terminar esto», pensó mientras sus ojos se desviaban hacia la espada que colgaba de su cinturón. «Ya he demostrado suficiente. Es hora de finalizar y regresar con mi David.» Con un movi

