Ahora es mía

1518 Words

Sus acciones fueron demasiado íntimas. Rose giró la cabeza, esquivando la caricia. Dorian frunció levemente los labios y la observó. —Te ayudaré a empacar tus cosas. Comenzó a moverse sin esperar respuesta. No había muchas pertenencias en la sala, así que no tardó en tenerlo todo listo. Cuando intentó llevársela, Rose se quedó inmóvil. —¿Qué ocurre? —preguntó, sin perder la calma. —Yo… yo… —Rose bajó la mirada, nerviosa. Dorian no perdió la paciencia. Su voz seguía siendo suave. —¿Eh? Ella entrelazó los dedos con torpeza, buscando qué decir. Finalmente, murmuró: —Todavía tengo algo de ropa… Dorian siguió su mirada hasta el pequeño balcón y comprendió. Después de varios días hospitalizada, debía haber cambiado de ropa. —Te ayudaré —dijo, y caminó hacia allí. Rose frunció el

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