Mientras tanto, en otro lugar... En el Primer Hospital de la Capital Imperial. La lesión de Saúl era tan grave que ni siquiera el médico de la familia Hamilton pudo tratarlo. Cuando Adela lo encontró, no dudó en llevarlo de inmediato al hospital. Henry e Isabel, habían llegado. Al verlos, Saúl se echó a llorar desesperadamente: —¡Papá, mamá, alguien quiere hacerme daño! ¡No pueden dejarlo así! ¡Casi me matan a golpes hoy! Henry, furioso, interrogó a su asistente: —¿Quién lo hizo? ¿Te has enterado? El asistente, apurado, respondió: —Lo siento mucho, señor Hamilton. Esa área es un punto ciego del monitoreo... ¡La cara de Henry se puso verde de rabia! ¿Quién se atrevía a atacar a su hijo? Tras un tenso silencio, Adela habló con voz fría: —Saúl, escuché de Tomas que hoy fuiste a

