Gabriela estaba a punto de meterse en la cama cuando su teléfono sonó, vibrando ruidosamente en la mesita de noche. Al ver el nombre de su abogado en la pantalla, un suspiro de cansancio se le escapó. No tenía ganas de más problemas, pero sabía que debía atender la llamada. —¿Hola? —dijo, tratando de mantener la voz firme. —Gabriela, lamento molestarte a esta hora, pero hay algo importante que debes saber —dijo el abogado con tono serio. Gabriela se sentó en la cama, con sus piernas colgando del borde. —¿Qué pasa? ¿Hay algún problema con los documentos? —No exactamente. Es sobre el divorcio —respondió él, haciendo una pausa que llenó de ansiedad a Gabriela. —¿Qué hay sobre el divorcio? —preguntó ella, sintiendo que su corazón comenzaba a latir más rápido. —Después de revisar los ac

