Capítulo 2

1220 Words
Gabriela se contemplaba en el espejo con una mezcla de nerviosismo mientras se ajustaba el último detalle de su impecable conjunto. El vestido de diseñador, confeccionado con seda suave y adornado con detalles intrincados, abrazaba su figura con elegancia y sofisticación. Su cabello estaba peinado con delicadeza, cayendo en ondas sueltas sobre sus hombros, y su maquillaje resaltaba sus rasgos con sutileza y refinamiento. Con un suspiro, Gabriela se dirigió hacia la oficina de Christopher, llevando consigo una mezcla de emoción y determinación. Había decidido enfrentarse a él, a pesar de todas las dudas y temores que albergaba en su corazón. Sabía que no sería fácil, pero estaba decidida a luchar por lo que quería. Al entrar en la lujosa oficina de Christopher, Gabriela fue recibida por un silencio tenso. Christopher, sentado detrás de su escritorio, levantó la mirada con sorpresa al verla entrar, su expresión una combinación de asombro y confusión. El sol se filtraba a través de las cortinas entreabiertas de la lujosa suite de Christopher, pintando destellos dorados en las paredes marfil y los muebles de ébano. Gabriela, de pie junto a la ventana, contemplaba el paisaje urbano que se extendía ante ella, su mente llena de determinación y nerviosismo. Christopher, recostado con despreocupación en el sofá, observaba a Gabriela con una mezcla de fascinación y desconcierto. Había algo en su aura que lo atraía irremediablemente, una combinación de belleza y fuerza que lo dejaba sin aliento y al mismo tiempo despertaba un deseo intenso en lo más profundo de su ser. —Gabriela —murmuró Christopher, incapaz de apartar los ojos de la impresionante figura que tenía delante— ¿Qué haces aquí? No deberías estar aquí. Christopher se incorporó del sofá, su corazón latiendo con fuerza en su pecho mientras se acercaba lentamente a ella. —¿De qué quieres hablar, Gabriela? —preguntó, su voz era apenas un susurro en el aire cargado de tensión. Gabriela se acercó aún más a él, su aliento rozando su rostro con una delicadeza que lo hizo estremecer. —Quiero hablar de nosotros, Christopher —dijo con voz cargada de emoción y determinación—. De lo que somos y de lo que ya no podemos ser. Christopher la observó con atención, tratando de ocultar el deseo abrasador que ardía dentro de él. —¿Qué quieres decir con eso, Gabriela? —preguntó, su voz temblando ligeramente con la anticipación. Gabriela lo miró a los ojos, su mirada ardiente reflejando la decepción dentro de ella. Sacó de su bolsa unos papeles y se los arrojó en el escritorio. Sorprendido por su actitud, tomó los papeles y su sorpresa fue aún más grande al darse cuenta de qué trataban. —Quiero el divorcio, Christopher —dijo Gabriela con voz firme, aunque su corazón se rompía en mil pedazos al pronunciar esas palabras—. Ya no puedo seguir viviendo en esta farsa de matrimonio. Necesito libertad, necesito ser libre para vivir mi vida como yo quiera. El rostro de Christopher se contrajo en una mueca de sorpresa y confusión mientras absorbía las palabras de Gabriela. —¿El divorcio? —repitió, su voz temblando ligeramente con la incredulidad—. Pero Gabriela, ¿por qué? ¿Qué ha cambiado desde que nos casamos? Gabriela lo miró fijamente, su mirada desafiante mientras sostenía la mirada de Christopher con determinación. —Lo que ha cambiado, Christopher, es que no ha cambiado nada. Sigo siendo un cero a la izquierda para ti, ¿es que valgo algo en tu frío corazón? —dijo con sinceridad, su voz resonó con la verdad de sus palabras—. Ya no puedo seguir fingiendo que todo está bien cuando no lo está. Necesito seguir adelante con mi vida, incluso si eso significa dejar atrás todo lo que conocía. Me fuiste infiel, Willow siempre estuvo en tu corazón y tu amor es para ella, no para mí. Christopher la observó en silencio, su mente giró mientras procesaba las palabras de Gabriela. Había algo en su mirada, en su voz, que despertaba una chispa de deseo en lo más profundo de su ser, una chispa que había estado latente durante demasiado tiempo. Y aunque, desde que se casó con ella había tratado de ser indiferente y frío, por que aun pensaba en Willow, su exnovia, nunca le había sido infiel con ella. —No puedo dejarte ir, Gabriela —dijo finalmente con voz llena de emoción mientras se levantaba de su silla y se acercaba a ella con paso decidido—. No, no puedo dejarte ir, no importa cuánto lo intentes. Gabriela lo miró con incredulidad, su corazón latía con fuerza en su pecho mientras absorbía las palabras de Christopher. Había una intensidad en su mirada, una pasión que nunca había visto antes, que la dejaba sin aliento y la hacía dudar de todo lo que creía saber. —Christopher, por favor —dijo con voz temblorosa, su corazón luchaba entre el deseo y la razón—. Necesito libertad, necesito ser libre para vivir mi vida como yo quiera. Pero Christopher no la escuchaba, no podía escucharla sobre el latido de su propio corazón, sobre el rugido del deseo que ardía en lo más profundo de su ser. Y mientras se acercaba a ella con determinación, con un deseo que no podía negar, Gabriela se preguntaba si alguna vez podría escapar del hechizo que él había tejido a su alrededor, si alguna vez podría ser libre de él, incluso si eso significaba perderse a sí misma en el proceso. —No puedo dejarte ir. —repitió Christopher—. No puedo aceptar el divorcio. Eres mi esposa, y haré lo que sea necesario para mantenerte junto a mí. Gabriela lo miró con incredulidad, sus ojos llenos de furia y decepción. —No puedes hacerme esto, Christopher —dijo con voz temblorosa, su corazón latía con fuerza en su pecho—, no puedes dañarme de esa manera... Toleré que siguieras viendo a Willow y no dije una palabra sobre el maltrato de tu familia hacia mí. No puedes negarme la libertad de elegir mi propio destino, de vivir mi vida como yo quiera. Pero Christopher se mantuvo inflexible y sin vacilar. —No puedo dejarte ir, Gabriela —repitió con su voz llena de dolor y anhelo—. Te amo demasiado como para dejarte ir. El corazón de Gabriela se llenó de ira y frustración ante las palabras de Christopher. ¿La amaba? Parecía un chiste de mal gusto. Gabriela, con un gesto de furia, dio un portazo a la puerta de la oficina y salió agitada, dejando atrás a Christopher y su mundo de ilusiones rotas. Mientras caminaba por los pasillos vacíos de la empresa de los Valdivia, Gabriela se sentía como si estuviera en llamas, consumida por la ira y el dolor. Había dado todo de sí misma a Christopher, había sacrificado su propia felicidad por él, y él la había rechazado sin vacilar. Con lágrimas ardientes en los ojos, Gabriela se prometió a sí misma que nunca más permitiría que alguien le robara su libertad, que nunca más permitiría que alguien dictara su destino. Y mientras dejaba atrás la oficina, dejaba atrás también a Christopher y todo lo que había representado para ella, prometiendo que nunca volvería a mirar hacia atrás.
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