Al día siguiente, a las ocho en punto, Christopher apareció en la oficina de Gabriela, impecablemente vestido y con una expresión decidida. Ella le dio un rápido repaso a su lista de tareas, tratando de ocultar su satisfacción al verlo asumir su nuevo rol con seriedad. —Dime, jefa, ¿por dónde empezamos? —preguntó Christopher con un tono de voz que combinaba profesionalismo y una pizca de diversión. Gabriela se acercó a su escritorio y le entregó un montón de documentos. —Para empezar, necesito que organices estos archivos y prepares los reportes para la junta de accionistas. Luego, tendrás que coordinar las reuniones de la semana y asegurarte de que todo esté en orden para mi presentación del proyecto. Christopher tomó los documentos con una sonrisa. —Considera que ya está hecho. A

