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1592 Words

El silencio en la cabaña de Doña Luisa ya no era un refugio. Era una tumba. Habían regresado arrastrándose, cubiertos de barro, sangre y fracaso. Elena estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra la estufa fría, mirando sus manos vacías. Manos que habían sostenido la verdad y la habían dejado caer por una alcantarilla. Rafael estaba en la mesa, con la cabeza entre los brazos, dormido o desmayado por el agotamiento. Doña Luisa limpiaba las heridas de Elena con un trapo húmedo, murmurando oraciones antiguas que sonaban a maldiciones. Nadie hablaba. No había nada que decir. Diego había caído. El disco duro se había perdido. Carmen había ganado. Y entonces, un sonido pequeño rompió la quietud. Zzzzip. El sonido de una cremallera cerrándose. Elena levantó la vista, con los

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