Nicolás: Eran casi las doce cuando una llamada interrumpió mi sueño. No era de mi móvil, no, sino del maldito teléfono del apartamento, cosa que me molestó bastante. Me había acostado temprano, me sentía muy agotado y lo último que necesitaba era una interrupción a esta hora. Escuché unos golpes en la puerta de mi cuarto, seguidos de la voz de mi compañero, de apartamento. —Nico, Sofía te está llamando —la voz de Diego, mi compañero de piso, me sacó de mi ensueño, seguido de un golpe suave en la puerta—. Al parecer, la chica está ebria. Necesita que la recojas en un bar. El aire se me escapó en un largo bufido, hundiendo la cara en la almohada. La rabia bullía dentro de mí, caliente, chispeante, pero lo único que podía hacer era apretarla contra mis labios para no gritar. ¿En serio? ¿

