Aurora: Ya no sentía nada. Solo existía un vacío profundo en mi corazón, como si todo lo bello que alguna vez tuve me lo hubieran arrancado de golpe. El dolor que solía sentir, ese que me destrozaba poco a poco, ahora se había convertido en una sensación de entumecimiento absoluto. No podía llorar, ni gritar, ni siquiera moverme. Llevaba horas sentada en esta silla, desde que llegué al crematorio hasta que me dieron los restos de mi padre en una caja. Papá también se había ido. Como mamá. Como todo lo que alguna vez tuve. El último pedazo de mi vida se había desvanecido, y ahora estaba completamente sola. ¿Qué haré ahora? ¿Qué se suponía que debía hacer cuando ya no me quedaba nada? Ni siquiera sabía si era capaz de seguir adelante. Ya no tenía un hogar, ya no tenía una familia, ya no

