ARES —¡Maca, tienes que salir de ahí en cualquier segundo! —, Grite recargado en la puerta—, ¡No puedes quedarte ahí todo el día! —¡Yo no! ¡Pero el maldito condón sí! —, grito alterado, talle mi rostro con frustración, jamás me habría pasado eso en la vida—, ¡No lo encuentro maldita sea! —Sal, vamos a que te lo saquen—, Le dije, un poco más bajo intentando que no se alterará más—, Maca… —Es que, ¿Cómo es que voy a ir a algún lugar y decirles lo que paso? —, Pregunto con cansancio, entendía a donde iba su punto, pero no dije nada—, Se van a burlar de mí. —Vamos, Maca. No es tan malo—, Dije recargándome en la puerta—, Seguro les llegan muchos pacientes con condones atorados. —Sí, seguramente—, Me dio la razón. Solté un suspiro—, Pero eso no quita que la vergüenza vaya a poder salir d

