Obviamente, me molesto mucho su respuesta, y la manera tan despectiva que se refirió a mi pequeño, no me aguante y le dije: — ¿Cómo es mi hijo? Si te refieres que es autista, te comento una cosa:
—Ese niño que tu vez ahí, es mucho más inteligente que tu, y no lo digo en broma, a ver les voy hacer una multiplicación a los dos, Señor Rubén ¿Cuánto es 20 * 175? —.
Es innegable que ese señor a duras penas sabía sumar, entonces me respondió:
—No tengo idea, pero a ver que él niño responda—. Mi hijo no es de hablar con personas que no conoce, mucho menos ese tipo de persona que lo ve, como si fuera un fenómeno. Pero a ver, mi príncipe, responde la operación matemática, ¿Cuánto es 20 * 175? —. Rápidamente mi pequeño responde:
—Mami son 3500—. El señor ese en cuestión, saca su celular y hace por ahí la multiplicación, queda supremamente sorprendido y dice: —Increíble, si son 3500. Ese niño es un genio, la felicite señora, y me disculpo por lo dicho Carlitos, va a ser un gusto viajar con un niño tan inteligente—.
Mi hijo por su condición, no soportaba en ese entonces, que nadie lo mirara fijamente, y al hacerlo, se altero y tuve que abrazarlo fuertemente para calmarlo. Le dije al señor: —Mi hijo es tranquilo, pero no soporta que lo vean a sus ojos fijamente—. El no dijo nada más y me pidió que lo esperaba unos minutos mientras él cuadraba para ver cuadraba para que nos fuéramos en el mismo puesto.
El chofer no se opuso. Ahora, había que cuadrar al lado de quien me iba, que no le molestará, yo en ese instante pensaba en mi hijo, pues, él no le gustaba sentirse encerrado, si estar al lado de personas desconocidas, sobre todo que lo miraran fijamente o le hablarán, se ponía bastante enojado. Y tendía a ser hasta agresivo.
Al lado nos toco de compañero de viaje, un señor bastante mayor, al principio pensé que sería una mala idea, pero por el contrario, él fue de gran ayuda, y entendió la condición de mi pequeño, al parecer tendría un sobrino en la misma condición, quien había sido criado cerca de él, por tanto conocía bastante bien la situación, y no le molestaba, más bien supo cómo actuar y me fue de mucha ayuda. Sobre todo logro no hacerlo sentir incomodo, en trayectos se sentaba en el piso para dejarnos a nosotros más cómodos en las dos poltronas, yo no podía creer que aún existieran buenas personas. Ese día arrancamos con nuestro largo y terrible viaje. Hay debí comprobar lo fuerte que uno debe ser y más cuando tiene pequeños, que alimentar, y por quien salir adelante.
¡Rayos, ¿Esa es la hora?!
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Daniela ve su reloj, y nota que se ha hecho bastante tarde, dice a una aplicación de su celular que cambia voz a texto
—Creo que hoy no podré terminar de contarles hoy en el resto de mi travesía, junto a mí pequeño Carlitos, ya me corresponde ir a bailar, pero este es tan solo el inicio de mi autobiografía, La sonrisa de mi hijo todo lo vale (Relatos de una madre, con el sueño de un mejor futuro para su magnificó hijo autista). Espero que poco a poco pueda seguir avanzando y las personas que viven o han vivido situaciones cómo la mía, puedan verse reflejados.
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Justo en ese momento, suena la puerta del camerino, donde se encuentra Daniela terminando de alistarse para salir a cumplir su trabajo diario. Llaman a la puerta diciendo:
—Ya es hora de qué salgas floja, es increíble que sigas con tu forma de pensar, creyéndote superior—. La de esa forma poco respetuosa de referirse a nuestra protagonista, es Kendra, ella desde la llegada de Daniela al bar, ha sentido una inmensa revalidad por ella. Daniela no cae en el juego, y no le responde de la misma manera. Simplemente la ignora sale, y se dirige al escenario.