Continuando con mi relato, solo las personas como yo, que hemos vivido el pasar por las trochas para llegar hasta el destino fin, en este caso, los Estados Unidos, no es tarea fácil, todo lo contrario, lo que se vive, es el verdadero infierno, y más aún, si le subas que vas acompañada por un pequeño, pero aunque sentí mucho temor, tanto por él, como por mí, por nada del mundo lo dejaría.
Nuestro recorrido, comenzó desde donde nosotros vivíamos, Valencia, Estado Carabobo, el viaje todo se hizo por tierra, pues lo costos por avión eran imposibles. El expreso salió a las 6:00 am, y llegamos a la ciudad de San Cristóbal a las 8:00 am del día siguiente, ya el cansancio se sentía, pero a penas todo comenzaba.
A la zona fronteriza arribamos a las 10:00 am aproximadamente, yo nunca había estado ahí, entramos por la población de San Antonio del Táchira, como la frontera se encuentra desde más de un año cerrada, no hubo más opción que llegar al territorio Colombiano por trocha, solamente para llegar al otro lado, desde Valencia tuve que pagar 200 lechugas verdes (dólares), luego me entere, que los “trocheros” nos robaban gran parte del dinero, pues el costo era mucho menos, si uno se iba por su cuenta. Pero a muchas personas, como me sucedió a mí, que venimos del centro del país nos atemorizaba que nos quitaran los poco que cargábamos, y según con estas personas íbamos “seguros”.
Recuerdo, que tuve que esconder los dólares en la suela de los zapatos, y fue una buena decisión, ya que pude ver, como a otras personas le quitaban sus dólares, los guardias venezolanos, en el camino a la frontera, según: —Por que debía demostrar su origen—. Yo recuerdo que en todo momento rezaba para que no me quitaran los pocos dólares que pude reunir para irme con mi hijo.
Mi amiga me contacto con una persona que desde Cúcuta- Colombia me guiaría por mi recorrido, esos que llaman “coyotes”, normalmente uno los consigue en la frontera de México- Estados Unidos. Pero este, casualmente lo hace desde la nación Colombiana. El me decía, que yo tenía que tener en mí poder 2000 dólares, con eso llegaría a cumplir “mi sueño americano”.
A duras penas pude reunir un poco más de la mitad, y ya había gastado 200, llegando hasta la frontera, por tal razón me recomendó:
—Deja a tu hijo, a muchos venezolanos les toca hacerlo—. Yo le respondí: —Imposible, de ser así, prefiero regresarme a Valencia. El me dio la única opción que se le venía a la mente: —Lo único, es que te lo lleves encima, pero es necesario que consideres una cosa, son muchos días de viaje, aproximadamente quince días. Por eso, te digo lo del coste del viaje, y la comida de igual forma, la de una persona tendrás que dividirla para los dos. Claro hay otra cosa que debemos considerar, si la persona que viaja tú lado acepte, sabemos que a muchas personas le molestan los niños y más como el tuyo—.