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1923 Words
Según su madre, los chicos de su edad deben seguir las indicaciones de sus padres siempre y mantener las locas ideas de "la rebeldía" fuera de su mente. Técnicamente ser un sirviente-robot sin sentimientos y dispuesto a seguir indicaciones al pie de la letra sin rechistar. No estaba en contra de seguir las indicaciones de sus mayores, pero sí estaba en contra de la limitación de libertad que su vida tenía. Además de la poca disposición de razonamiento que podía implementar sobre sus decisiones. —Quisiera ser un gatito como tú, Minnie. Tú eres feliz, comes todo el día y te hago mimos a diario—acarició la barriguita del minino, quien ronroneó en respuesta. —Seguramente no querrías cambiar tu vida por la mía. Suspiró cansado y dio un pequeño vistazo por su habitación, frunciendo la nariz como cada vez que la veía. Su habitación constaba de muebles color café y varios carteles de bandas católicas, cosa que su madre había pegado sin su permiso. También tenía uno que otro crucifijo, que temía que se diesen vuelta como las películas de miedo que su madre le prohibía ver, aburrido. Si seguía así, estaba seguro que sería un chico de treinta años que aún vivía con sus padres, jamás había probado ni una gotita de alcohol, ni siquiera cerveza, soltero y virgen. Lo de virgen es algo que le daba realmente igual, no tenía prisas por hacer algo al respecto, pero tampoco se negaba a la idea que podría perderla en algún momento de su juventud. Si su madre supiera lo último, seguramente lo regañaría. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el sonido de su celular retumbó por las cuatro paredes, era una llamada de uno de sus mejores amigos, el cual no era tan bienvenido en su hogar, pero que hacían planes secretos para verse en el parque cerca de su casa. —TaeTae—saludó emocionado, causando una sobredosis de ternura al chico tras la línea. —Jiminie ¿Por qué no vienes al parque para ver a tu alma gemela? —Jimin soltó una pequeña risa, asombrándose del talento que el mayor poseía para alegrarle los días con tan solo unas cuantas palabras. —Ya voy ¿Estás junto al árbol de siempre? —Apretó su celular entre su hombro y cabeza, para poder comenzar a guardar algunas cosas en su pequeña mochila. Entre ellas, un pequeño libro del cual estaba muy orgulloso y quería mostrarle a su mejor amigo. —Claro que sí, sabes que siempre te espero aquí —Jimin asintió para sí mismo, aunque supiera que el mayor no podía verlo. —También apresúrate, hay un chico que me está dando miedo. El menor rodó los ojos ante la declaración, Taehyung solía ser muy exagerado en ocasiones, por lo que no dudaba que el chico aterrador no le estuviera haciendo nada, realmente. Finalizó la llamada después de decirle que dejara el drama de lado, colocándose su mochila para después bajar con velocidad las escaleras. Al parecer su madre no estaba en casa, ya que nadie le gritó que bajara las escaleras como una persona normal y su padre estaba dormido en el sofá. Escribió una notita y la puso frente a su padre, diciendo que estaba en el parque y volvería a las seis de la noche en punto. Corrió hasta el parque, jadeando un poco, ya que hace mucho que no hacía ejercicio. Carraspeó algo cansado, pensando que en realidad, no le haría mal el bajar unos cuantos kilos. A lo lejos vio a su amigo apoyado en el árbol de siempre, uno grande y frondoso, en donde el sol no podría molestarles ni por asomo, ya que daba una sombra espectacular. Se acercó en pequeños trotes, sonriendo cuando Taehyung fijó su vista sobre él. —Me debes unas ricas galletas de chocolate por hacerme esperar, Jiminie—un beso de saludo recibió el quejumbroso mayor y un pequeño golpecito en el hombro. —Hyung tonto—rodó los ojos con diversión, sentándose al lado del mayor. — ¿Cuál es el chico que te asustaba? —preguntó al no ver a nadie cerca. —Ese chico de allá, aunque se acercó para tirar una lata de refresco vacía y creo que no me miraba de forma asesina a mí—señaló al chico que estaba a unos metros de distancia. Bastantes, en realidad. —Pareces un viejito alterado, por eso te digo Hyung, aunque solo sea por unos meses, pareces un abuelito—el mayor abrió su boca y ojos con falsa indignación, haciendo reír al chico de mejillas abultadas. —Sabes que no me gusta que me digas Hyung, pero te lo permito porque sé que tus padres te obligan, como en todo—puso los ojos en blanco recordando a los progenitores del chico. A veces Taehyung pensaba que Jimin era adoptado, porque no tenía nada en común con sus padres. —Bueno, cambiando de tema ¿Qué traes en tu mochila? —Jimin jadeó emocionado al recordar lo que quería mostrarle a Taehyung, comenzando a abrir la mochila. —¿Recuerdas que hace un tiempo quería tener en un libro todo lo que escribía en mis apuntes? —sacó un libro celeste hecho a mano, sin nada escrito en la portada, todo liso. —Lo recuerdo—Taehyung sonrió y vio los ojos ilusionados de Jimin, ya que le gustaba escribir las emociones que rondaban por su cuerpo. Casi como escribir canciones, pero más para un gusto personal. Aunque a veces solo lo utilizaba para quejarse de su vida, escribir todo lo que no podía decir en voz alta. —Puedes—eligió una página al azar, teniendo cuidado de no dañar el pequeño cuaderno. «Una vida en la cual no eres el dueño de tus decisiones, donde lo que dicta un anciano en bata es lo que está bien, el señor nos manda a hacer lo que dice ¿Realmente somos libres? Siempre habrá personas que te juzguen por omitir o en todo caso incumplir alguna norma de este libro, si Dios dijo que amaba a todos sobre todas las cosas ¿Por qué sus siervos no pueden hacer lo mismo? Contradicción, eso es todo. Lamentable el ver tu vida en picada y más lamentable aún el verla derrumbarse y no hacer nada por ello.» Sonrió y sintió un pequeño apretujón en el pecho, le encantaba la forma de pensar y ver la vida de su amigo, pero también sabía que esa angustia que reflejaba en esas páginas no era ficticia, todo eran experiencias y remordimientos que ese corazón de oro retenía. —¿Has pensado estudiar algo relacionado con la escritura? —soltó sin más, ganándose una mirada divertida del contrario. —Sabes qué es lo que quiero estudiar y no tiene mucho que ver—apoyó su cabeza en el hombro contrario, feliz al sentir la pequeña brisa en su rostro. —Bueno, sería un desperdicio ese don innato de baile que tienes y no explotarlo—Jimin se sonrojó ante los halagos, sintiéndose bien al saber que alguien valoraba su esfuerzo. —Me encantaría que le dijeras todo eso a tus padres ¿Por qué no te revelas y cumples tus expectativas? No era tan fácil, a pesar de todo Jimin amaba a sus padres y no podía revelarse un día y verlos romperse ante sus ojos, además era muy joven ¿A dónde iría? Era muy difícil encontrar un empleo decente donde acogieran a menores de edad, casi imposible. —No te enrolles, Jiminie. Mejor miremos al guapo chico de allá y pensemos un plan para pedirle su número—el mismo chico de hace unos minutos se encontraba en la misma banca, al parecer estaba esperando a alguien. —¿Qué pasó con Jungkook? ¿Ya no es tu amor platónico? Taehyung ha estado enamorado de un chico de su clase desde hace un año y jamás han hablado, más que todo por la timidez del menor. Pero Jimin sabía que ambos se gustaban, solamente que eran demasiado tímidos con el contrario como para hacer algo al respecto. Secretamente, Jimin se comprometió a ayudarlos un poquito. —Sí, pero ni siquiera me dirige la mirada y siempre se va cuando me ve llegar. Tengo que explorar nuevos territorios—acomodó su chaqueta y sonrió coqueto, debía admitir que su mejor amigo era muy guapo. —Al menos hazlo con un conocido, no con un chico en una banca que tachabas como "peligroso" —¿Alguien como tú? —levantó las cejas coqueto, riendo al final por el sonrojo en las mejillas ajenas, viéndose tremendamente adorable, más de lo que ya es. —N-no tonto, alguien diferente—Taehyung sonrió coqueto y levantó sus cejas varias veces— ¡No me veas así! —otro golpe sin ninguna intención de lastimar llegó a su hombro y su risa fue interrumpida por una sombra ante ellos. —Disculpen ¿Saben si hay alguna tienda de pasteles cerca de aquí? Que su interior sea rosa, para ser más exactos—preguntó un chico con voz grave y un cubrebocas n***o, como la mayoría de su ropa. Jimin pensó que esa voz era familiar, miró de reojo al chico y era su vecino. —Sí, sales del vecindario y unas dos cuadras hacia allá—señaló—hay una pequeña plaza, la pastelería se llama "Roses" —finalizó con una sonrisa ya que era el chico guapo de la banca, Jimin no había hablado ni visto al chico por más de dos segundos. —Muchas gracias, adiós Jimin—no dijo más y caminó a la dirección indicada, Tae abrió sus ojos curiosos y luego jadeo indignado. —¡Conoces al chico guapo y no me dijiste nada! Capaz tienes su número también y no me lo das—un puchero apareció y sus brazos cruzados mostraron molestia fingida. —N-no, es mi nuevo vecino. Minnie estaba en su jardín y fui por él, no volví a hablar con él después de eso—se justificó, habían pasado 3 días desde que su gatito travieso había invadido propiedad privada. —Ahora con más razón querré pasar por tu casa, aunque tus padres no me quieran—un trueno sorprendió a los chicos y unas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer, Jimin solo llevaba una camisa de algodón y Taehyung tenía una sudadera y una chaqueta Gucci, su marca favorita. —Ten, si te resfrías tu mamá me mata—le tendió la chaqueta antes mencionada, la cual tenía un bonito osito café atrás. Se despidieron y se separaron para cada uno ir a su casa, prometiendo hacer una videollamada cuando llegasen a sus casas para seguir hablando. Jimin corría para no mojarse tanto, era muy propenso a enfermarse y a veces tardaba semanas en mejorar, aunque sea una gripe. Entró a su casa y dejó los zapatos en la entrada, no se quitó la chaqueta hasta que subió a su habitación y la guardó, reclamándola suya por siempre, solo faltaba convencer a su amigo que probablemente después de unos pucheros y caritas tiernas le diría que sí. Se colocó su pijama y con su móvil comenzó a llamar a Taehyung, el cual en unos pocos minutos contestó. Comenzaron a hablar de varias cosas, como su comienzo en su último año de instituto y temas similares. Se sentía realmente seguro de hablar con Taehyung, sabiendo que él jamás lo juzgaría, cosa que no podía darse la libertad con sus padres. A veces quisiera que fueran un poco más comprensivos con él. Un grito de la casa continua detuvo su conversación, haciendo que Jimin se bajara de la cama con curiosidad, logrando ver que era Yoongi. —¿Es tu vecino guapo? —preguntó Taehyung mientras se acomodaba en la cama de su propia habitación. —Se llama Yoongi—le dijo, escuchó otro grito. Un “cuidado, papá” fue lo que escuchó, seguido de varias risas roncas. Eso lo hizo sonreír. —Un lindo nombre para un hermoso chico—dijo el mayor, haciendo que Jimin bufara. Sabía que todo lo decía de broma, pero le gustaba molestar de esa forma. —Siento que vendrás a mi casa solo para tomarle fotos desde mi ventana, tienes problemas, Kim Taehyung. —¿Puedo ir mañana a tu casa? —ambos rieron y Jimin retomó su puesto sobre la cama, no sin antes cerrar la ventana de su habitación. Minutos después de colgar la llamada con su mejor amigo, Jimin se acomodó para dormir, cayendo rendido pocos segundos después. 
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