Caminaba de regreso a su casa con ambas manos ocupadas por bolsas de plástico llenas de cosas que compró para iniciar su año universitario, era su último día libre y aprovechó a hacer las compras de la semana, arrepintiéndose al momento en que sus dedos comenzaron a arder por el peso de la carga.
Había comprado unos cuantos cuadernos y lapiceros para llevar, lo básico, también se había podido dar un gustito comprándose de esas tiras de dulce ácido que le encantaban, muchos sobres de café y un termo para llevar el líquido antes mencionado.
Un golpe considerablemente fuerte en su hombro derecho lo hizo despabilar, el chico sin siquiera volverlo a ver y disculparse caminaba de una forma extraña y tenía algo en las manos.
—Sí, no hay problema—dijo en voz alta para que el chico lo escuchara por su falta de modales.
No escuchó ninguna respuesta y prefirió darse la vuelta y seguir caminando, hasta que un toque sutil en su espalda lo hizo ver hacia atrás, el chico castaño, un poco más alto, no más de 2 centímetros, lo miraba apenado.
Yoongi levantó una ceja, posteriormente el chico se inclinó en una reverencia exagerada, disculpándose.
Sin decir ni una palabra, lo vio sacar su celular y escribir en él. Yoongi no sabía si volver a caminar como si nada o esperar a que el extraño chico dijese algo, ya que realmente pareciera que hubiera desaparecido de un momento a otro.
Cuando el chico le mostró la pantalla, supo que fue buena elección el quedarse.
“Lo siento mucho, mi perrito Blue suele emocionarse mucho y a veces me cuesta evitar que corra, llevándome junto a él”
De pronto el sentimiento de culpabilidad invadió el cuerpo del pálido, el chico era mudo al parecer y fue grosero con él, aunque en su defensa no tenía ni idea.
—No te preocupes—intentó tranquilizarlo, ya que se veía bastante nervioso. —Lindo perro—vio al labrador n***o a su lado, tenía unos bonitos ojos azules, intuyendo que esa era la razón de su nombre. El chico sonrió y volvió a sacar su teléfono.
Yoongi no quería ser grosero, pero le estaban doliendo los dedos por las bolsas.
“Déjame ayudarte con eso ¿Sí? No me importa caminar, nos hace falta a Blue y a mí”
Al leerlo se sintió aliviado y a la vez más culpable, se estaba aprovechando de la amabilidad del chico, pero en verdad quería ayuda con eso, sentía que sus dedos podrían desprenderse de su cuerpo en cualquier momento.
Asintió y le entregó algunas de las bolsas, las menos pesadas. El chico sonrió y tomó la correa del perro con su mano libre, ambos comenzando a caminar. Yoongi se sentía un poco más confiado con el desconocido, pero antes que nada quería saber su nombre, ya que no se lo habían preguntado.
—¿Cómo te llamas? —el castaño señaló su pecho, específicamente la tela de la camiseta.
Su camiseta traía su nombre bordado en una esquina superior. Su nombre era Jin.
Jin señaló el pecho de Yoongi, indicando que también quería conocer su nombre.
—Min Yoongi—sonrió y ambos siguieron caminando, ahora que el desconocido que tenían al lado ya no era tan desconocido.
Caminaron sin prisa y en el camino Yoongi comentaba cosas como: "El clima está muy lindo" "Eres muy amable" y otros casos en los que soltaba un "creo que Ice quiere cagar" no se sentía incómodo por la falta de respuestas, sabía que el chico entendía y compartía lo que decía, pero sentía que estaba siendo irrespetuoso, no sabía si era mayor que él y le hablaba sin honorífico.
—¿Eres mi Hyung? Tengo 19 años—Jin lo miró y asintió ante la interrogante del aparentemente menor. —Lo siento Jin Hyung, por un momento pensé que eras menor que yo—dijo con una sonrisa, estaban más cerca de su hogar.
Jin acomodó la correa de Blue para que quedara en su muñeca y con su mano libre, tomó su celular y escribió con una mano.
“No es necesario que me digas así, de hecho, no lo hagas me hace sentir viejo y no lo estoy”
Una sonrisa sincera surcó por los labios del menor, asintió y siguieron caminando normalmente.
Cuando visualizó su casa le señaló a su acompañante la misma y ambos se dirigieron específicamente a esa casa, mientras dos chicos comiendo helado los miraban atentos.
—¿Quién será el chico con el perro? —Tae miró al par de chicos que ahora entraban a la casa de Yoongi.
—No lo sé—a Jimin le picaba la curiosidad, pero no quería ser un entrometido como esas vecinas chismosas que vivían antes en esa casa, no.
—¿Dijiste que desde tu cuarto puedes ver la terraza? —Jimin asintió y de un momento a otro fue levantado un poco brusco de su brazo, su amigo corría sigiloso y lo llevaba de la mano.
A Jimin jamás le había gustado el espiar a las personas, pero realmente tenía un poco de curiosidad y pensaba que no había problema si se mantenía casualmente en su ventana que daba justamente a la terraza de la casa de Yoongi.
Subieron rápidamente las escaleras, agradeciendo que su madre no estaba y subieron a la habitación del menor. Sin pensarlo ni hablarlo, ambos se hincaron frente a la ventana, podían ver perfectamente y no serían descubiertos, bueno, al menos Tae.
Jimin no podía ver nada de esa forma, solo la pared.
Se levantó, pero un jalón en su brazo lo regreso a su lugar cuando ambos escucharon una grave risa al otro lado, intuyendo quién era el dueño de esta.
—Tae, yo quiero... —su boca fue tapada con la gran mano de su mejor amigo, era injusto, también quería ver.
Unos ladridos se escucharon, no era solo un perro, eran dos. Jimin mordió la mano del mayor para que la quitara de su boca, logrando su cometido cuando este la agito en signo de dolor y lo miraba molesto.
—Yo también quiero ver tonto—tomó un libro que estaba junto a su escritorio y se colocó de rodillas en este, logrando quedar a la altura indicada para ver sin problemas.
Tuvieron una conversación muy corta, no escuchaban la voz del acompañante de su vecino, pero le mostraba su celular, o lo que aparentaba ser un celular, mientras un perro los acompañaba. Unos minutos después ambos chicos entraron a la casa de nuevo, al parecer el castaño desconocido ya se iba.
Tae se levantó y una mueca de confusión adornaba su rostro, Jimin hizo lo mismo y levantó el libro para acomodarlo nuevamente en su lugar.
—No fue mayor cosa, no creo que sean pareja ni nada—le restó importancia el pelirrojo y se sentó en la cama de Jimin—¿No que no querías espiarlo, tontín? Hasta pusiste un libro para ver a tu vecinito—se burló, viendo como las mejillas de su amigo se volvían rojas.
Eso le llamó la atención, mas no dijo nada.
—No digas tonterías— se acostó junto a él, su mente llena de dudas y revuelta no sabía por qué últimamente se ha sentido diferente, no puede definir lo que siente, simplemente tiene ganas de romper algo, romper la rutina.
Y claramente eso no había pasado por desapercibido para Taehyung y Jimin lo sabía. No era bueno ocultando sus emociones.
—¿Puedo preguntarte algo y me juras que no te alterarás y me escucharás? —preguntó el pelirrojo, sentándose en la cama y poniéndose serio.
—Dispara.
—¿Crees que podrían gustarte los hombres?
Jimin no contestó por unos segundos, pero al reaccionar comenzó a negar con la cabeza rápidamente, sintiendo un ligero dolor de cabeza por el movimiento.
—Sabes que no, es un pecado—murmuró como un robot, tan automático y sin sentimiento alguno.
Taehyung sabía de las ideologías que Jimin mantenía gracias a sus padres, lo había aceptado desde el primer día que se conocieron. Pero no podía mentir y decir que no se sentía ligeramente ofendido.
—¿Estoy pecando entonces? ¿Me iré al infiero? —preguntó con amabas cejas alzadas, ya que era abiertamente gay y eso Jimin lo sabía desde el primer momento. — ¿Realmente es algo malo el pecar? Porque no veo absolutamente nada de malo en amar a alguien, Jimin.
—Para, ya basta—Jimin miraba el suelo, no queriendo pensar demasiado en esas cosas—No sé nada, me enseñaron que hay que seguir lo que dice la biblia y el sacerdote, no juegues con mis pensamientos ahora—Su tono fue molesto, estaba confundido de todo
¿Por qué ahora su amigo lo cuestiona? Jamás lo había hecho.
—Creo que tienes que empezar a ver la vida por tus propios ojos y analizar con tu mente—lo dijo suave, sabía que su pequeño amigo era sensible y no quería dañarlo, al contrario.
—Lo sé, pero en esta casa está prohibido hacerlo—Jimin estaba consciente de su situación, sin embargo, no hacía nada para cambiarlo y menos para enfrentarlo.
El ambiente estaba claramente tenso, por lo que el pelirrojo intentó cambiar de tema.
—El hermano de Woozi hará una fiesta mañana ¿Vamos?
—Termina muy tarde, sabes que no me dejarán.
—Termina a las ocho Jimin, no seas dramático—puso sus ojos en blanco, ni siquiera habría alcohol ni esas cosas, era un exagerado.
Jimin se puso a pensar por unos minutos, si llegaba a tiempo y dejaba la casa ordenada y limpia, tal vez su madre no se molestaría con él, pero tenía que aprovechar los otros dos brazos de su amigo.
—Bien, pero ayúdame a limpiar la casa—le sonrió maléfico, mientras su amigo pelirrojo se levantaba lentamente ante la mirada del pequeño cachetón.
—Mhm, acabo de recordar que tengo que ir a alimentar a mi perro—se rascó la cabeza, jugando.
—¡No te escaparás! —se lanzó sobre el contrario, terminando ambos en el suelo riendo.
—Está bien, pero podremos de mi música a todo volumen ¿Sí?
Recalcó el “mí” con fuerza.
—Bien de igual forma mis padres no están—se encogió de hombros. —Oye, tú no tienes perro—golpeó el hombro contrario y este jadeo de dolor, aunque su amigo lo golpeara o se mostrara molesto a nadie le daría miedo, era una ternurita.
Con BlackPink, EXO y una que otra canción de 2ne1 acompañándolos en su limpieza, un divertido vecino escuchaba su ruido desde su terraza, divertido ante la idea de que su vecino cree que no vio una cabellera negra asomándose junto a una pelirroja por la ventana.
El chico era curioso y eso a Yoongi le gustaba, no se había acercado más a su vecino por el hecho que su familia parece estar obsesionada con la religión, posiblemente el chico también. Él jamás se había adentrado en esos temas y tampoco quería hacerlo.
—¡Yoongi, necesito que me hagas un favor! —su padre gritó desde abajo, dejo la lata de refresco y bajó.
—Dime.
—No compré una taza medidora y necesito una ¿Puedes pedirle prestada al vecino la suya? Vi que hablaron un poco hace unos días.
Yoongi se encogió de hombros, no había sido una charla demasiado larga, solo lo saludó.
—Bien ¿Qué harás de comer? —comenzó a caminar lentamente y con pereza para salir.
—No lo sé, pero sea lo que sea necesitaré esa taza.
El pálido rodó los ojos y sonrió, tenía suerte de que no era alguien apenado más, ya que sería una tortura con la clase de padre que tiene, es el típico de "lo siento, así no se llamaba lo que quería. Dile a la de la tienda que te lo cambie" y cosas similares. Tuvo que quitarse la vergüenza a la mala.
De la casa de su vecino se escuchaba fuertemente canciones de K-pop, sonrió divertido pensando que no estaban sus padres y les daría un susto. Tocó el timbre y la música fue pausada rápidamente, unos ruidos y unos "cállate, en el baño" se escuchaban ligeramente, esos chicos no sabían disimular.
Jimin abrió la puerta y con el cabello revuelto y sudando, con una fregona en su mano derecha.
—Disculpa la interrupción de su fiesta de limpieza, pero ¿Podrías prestarme una taza medidora? Por favor—su sonrisa burlona no desaparecía de su rostro, el chico tenía las mejillas sonrojadas por el comentario y le causaba gracia.
—Claro, y-yo vuelvo en seguida—Antes de que se alejara volvió a llamarlo, queriendo bromear más.
—Oye—Yoongi lo llamó, haciendo que el menor dejara de caminar y volviera a verlo— ¿Puedo usar tu baño? —Jimin lo miró asustado, recordando que su amigo estaba ahí escondido, con la puerta sin seguro.
—S-sí, puedes ir al de arriba.
—No quiero abusar de la confianza, el de abajo está bien—Jimin quería reír y a la vez no, su amigo se llevaría un buen susto.
Yoongi se acercó a la puerta del baño y la abrió con fuerza, pero sin golpear la puerta en la pared y un muy agudo grito brincó por las paredes del lugar, siendo el amigo de Jimin.
—Mierda, estaba a punto de sacarme el pene para orinar—colocó una mano en su pecho hiperventilando.
Yoongi soltó una carcajada al ver que, realmente, el chico estaba a nada de comenzar a hacer pis.
—¡No digas palabrotas, Taehyung! —lo regañó el más pequeño, haciendo que ambos mayores temblaran de ternura.
—Creo que me hice pipí con el susto, da igual. Anda cierra, quiero orinar—Jimin chilló horrorizado ante eso y comenzó a cerrar la puerta.
—Hyung, si aún quiere usar el baño Tae saldrá en un rato—cerró la puerta del baño y miró a su pálido vecino.
—No gracias, solo quería asustar a tu amigo. Para la próxima traten de no gritar tanto, escuché tus "en el baño" desde afuera—Jimin se sintió avergonzado, pero no pudo evitar reír por lo sucedido, la cara de su amigo fue oro.
—Me hubiera dicho eso antes, pude haberlo grabado—dejó salir, sintiéndose cómodo.
—Para la próxima—sonrió de lado, feliz al saber que Jimin no era como había pensado en un inicio. —Gracias por la taza—tomó el objeto de las manos contrarias y caminó a la salida. Un "la regreso en cuando termine" fue lo último que Jimin escuchó y cerró la puerta, inexplicablemente feliz.
—Te imaginas que me hubiera visto las pelotas, hubiera sido muy extraño—Taehyung salía del baño mientras acomodaba su camisa.
—¡Taehyung!