Miró sus manos con atención, reparando que estas estaban algo rojas por la presión que había ejercido sobre ellas, ya que los nervios lo tenían comiendo su pobre cabecita.
Ese día era el día de la fiesta de Woozi y Jimin sabía que a Taehyung no se le había olvidado ni por asomo, pero había estado tan temeroso con la reacción o respuesta de sus padres, que no se había atrevido a preguntar.
Él quería ir, tenía muchas ganas de divertirse un rato con sus amigos, pero sabía que no debía hacerse demasiadas ilusiones, porque después la caída que se daría por la negación de su madre sería más dolorosa que otra cosa. Por lo que debía ser lo más realista posible.
En ese momento, vio la cabellera singular de su mejor amigo acercarse, por lo que colocó una sonrisa plástica en su rostro y se acercó.
―Jiminie, hola―Taehyung le dio un corto abrazo, como cada vez que se veían. ― ¿Listo para la fiesta de hoy?
El menor se mordió el labio e hizo sus ojos un poco más grandes, mostrando que en realidad, no estaba tan listo como el mayor pudo pensar. Taehyung vio el rostro y suspiró.
― ¿Miedo a la respuesta o no tienes ganas de ir? ―Jimin hizo un pequeño puchero, tomando la mano del mayor.
―No es que no quiera ir, sí quiero. Lo que pasa es que no quiero que ella me arruine mis ilusiones, sé que me dirá que no.
Taehyung colocó ambas manos sobre los hombros de Jimin, comenzando a masajear un poco más fuerte de lo necesario.
―Sé que con tu madre es muy difícil el esperar algo bueno, pero intenta ser un poco más positivo ¿Sí? ―Jimin rodó los ojos. ―Tus notas han sido excelentes, limpiamos la casa y eres una preciosura de hijo, intentemos pensar que su corazón de fuego se apagará un poco por ti.
Jimin sabía que no todo era tan fácil, pero asintió.
―Bien, ahora debemos ir a clase o nos dejaran a ambos fuera.
•••
―Madre ¿Puedo hablar con usted? ―Jimin dejó su mochila en el sofá y caminó hasta donde estaba su progenitora.
Jimin nunca pudo saber a simple vista si estaba molesta o feliz, ella siempre tenía esa cara de molestia, así que decidió arriesgarse.
―Rápido, tu padre y yo vamos a salir―Jimin celebró internamente, si se van es más probable que lo dejen ir y si no lo dejan, tendrá casa sola.
―Habrá una pequeña fiesta en la casa de Woozi, terminará temprano y no habrá alcohol ni esas cosas―recalcó al ver el ceño fruncido de la mayor.
― ¿Y cómo sabré yo que es verdad y no irás a emborracharte como tus amigos esos? ―Jimin cerró los puños con molestia, gracias a ella solo tenía dos amigos y aún se dignaba en llamarlos así sin motivo.
―Deberías confiar en mí, nunca te he dado un motivo para no hacerlo―sentía la ira en su cuerpo, era un sentimiento nuevo para él, en especial con su madre.
La risa irónica solo logró que sus pocas ilusiones terminaran de reventar contra el suelo.
―Lo siento, has sido un malcriado desde siempre y no tengo obligación de dejarte salir así que no, mejor has algo productivo y mejora tus notas.
―Siempre estoy en el cuadro de honor―dijo apretando los dientes mirando hacia abajo, con lágrimas en los ojos.
―Eso no es suficiente, necesitas más. Yo me merezco más―Jimin no pudo moverse, las lágrimas corrían por sus mejillas y sentía enojo, coraje y muchos sentimientos nuevos que estaba odiando experimentar.
Vio en el rabillo de sus ojos a su padre bajar los escalones, quien se detuvo unos momentos y luego se fue.
―Si me entero de que saliste sin mi permiso, tendrás un castigo―dijo antes de irse, haciendo que el pelinegro apretara más los puños, dejando sus palmas blancas por la presión de sus uñas.
El golpe de la puerta lo hizo explotar.
Un grito brutal brotó de su garganta, raspando la misma por la fuerza que utilizó, no le importaba que sus padres lo llegasen a escuchar, solo quería llorar porque no era suficiente para nadie, ni siquiera para su madre. El sonido de su celular llamó su atención, pero estaba demasiado ocupado halando su cabello como para contestar, no era una rabieta porque no lo dejaron ir a una tonta fiesta, simplemente explotó al saber que todo este tiempo, ni sus padres, estaban orgullosos de él.
Todo este tiempo he sido un nadie para ellos.
El sonido del timbre lo trajo al mundo de nuevo, pero no podía-ni quería-reaccionar, el sonido era insistente y los gritos de dos personas distintas detrás de la puerta se escuchaban, no estaba concentrado en quienes eran los dueños de esas voces, no le importaba.
Yoongi estaba sentado en el sofá pasando los canales aburrido, su primer día había sido regular, y le dieron la grandiosa noticia que sus dos amigos de Daegu, Namjoon y Hoseok, irían a estudiar a su universidad, gracias a una beca.
Todo estaba tranquilo hasta que escuchó un grito desgarrador afuera, se preocupó mucho por ese grito y salió de su casa tomando sus llaves para no quedarse afuera de esta, un chico pelirrojo tocaba la puerta de su vecino desesperado, probablemente escuchó aquel grito y estaba muy preocupado.
― ¿Qué sucedió? ―preguntó mientras se acercaba al chico.
―Venía a la casa de mi amigo y escuché su grito, no abre la puerta, pero sé que está ahí. Estoy asustado―seguía tocando y Yoongi lo detuvo.
―Deja de hacer eso, solo harás que Jimin se altere―aún recordaba su nombre― ¿Sabes si guardan alguna llave de repuesto en algún lado?
―No, su madre no confía en dejar llaves afuera―se rascó la cabeza. ― ¡Entraré por la ventana! Espero que esté abierta.
Corrieron hacia la ventana del cuarto del menor, pero había un ligero gran problema.
¡El árbol que utilizaba para subir ya no estaba! ¿Cuándo lo talaron? En el momento menos indicado...
― ¡Mierda! talaron el jodido árbol―se jaló el cabello, comenzando a desesperar al pálido.
―Súbeme, entraré y abriré la puerta―dijo Yoongi, él era más delgado y menos pesado, sería más fácil subirlo.
Tae lo cargó y logró llegar ligeramente, pero aún no era suficiente para subir, así que se subió a los hombros del menor y logró alcanzar con un ligero salto, utilizando mucha fuerza en sus brazos se impulsó para subirse en el marco de la ventana y logró entrar al cuarto del chico.
Su cuarto era algo ¿Extraño? muchos crucifijos y posters de bandas católicas.
Dejó de mirar la habitación y bajó las escaleras rápidamente, vio a Jimin en una esquina en posición fetal, su respiración era acelerada y pequeños grititos lastimeros brotaban, abrió la puerta y el chico pelirrojo, el cual no recordaba su nombre y entró corriendo.
No sabía qué hacer, veía al chico pelirrojo abrazando al pequeño, no sabía si llamar a una ambulancia porque ni siquiera sabía qué le pasaba al chico, se acercó y se sentó junto a los chicos, acarició levemente casi inexistentes caricias para intentar ayudar, jamás había sido alguien cariñoso con alguien que no sea de su familia y amigos de toda la vida, así que no estaba acostumbrado a ello.
― ¿Les preguntaste, cierto? ―preguntó Tae acariciando sus negros cabellos. Jimin no dijo nada, solo asintió levemente, dándole la razón.
―Y-yo pen-pensé q-que―intentó relajarse, pero gracias al llanto era muy difícil hablar―Que e-era su-suficiente pa-para el-ellos―suspiró y nuevas lágrimas aparecieron en su rostro.
Tae comenzó a intuir lo que sucedió, sabía que Jimin jamás se pondría así por una simple fiesta, habían dañado el bello corazón de Jimin, una vez más. Yoongi no logró comprender, pero intentó hacerlo, había visto un poco de la horrible personalidad de la progenitora de Jimin y dudaba que esto fuera por alguna pequeñez.
― ¿Prefieren que me vaya? ―preguntó Yoongi, haciendo saltar a Jimin ya que no sabía que él estaba ahí, viéndolo así de patético.
―Muchas gracias por ayudarme Hyung y sentimos el que te asustaras―Tae se disculpó y agradeció con una linda sonrisa. ―Por cierto, me llamo Taehyung.
―Un gusto Tae, soy Yoongi―se levantó y dio un último vistazo preocupado al chico, quien no había dicho ni una sola palabra, ni siquiera había levantado la vista; pero lo entendía por completo.
Regresó a su hogar con la gran incógnita en su cabeza, se notaba desde un principio que ese chico no era feliz, pero ¿Qué habrá hecho que explotara de esa manera? Se sentía preocupado y estaría dispuesto a volver a la casa del chico si escuchaba otro grito o ruido lastimero.
Jimin se sintió un poco más tranquilo cuando Yoongi se fue, no es que no lo quisiera ahí, pero nunca le había gustado que lo vieran de esa manera y menos personas que acaba de conocer. En un saltó abrazó a su mejor amigo y nuevas lágrimas brotaron de sus ojitos avellanas, no quería ser tan sensible, pero no podía evitarlo.
―Tú eres un gran chico, muy inteligente, servicial y amoroso. Eres más que suficiente y si tus padres no lo ven así, ellos son los que tienen un problema―acariciaba su espalda mientras le hablaba suave. ―Olvida esa fiesta, vamos a tener una noche de chicos.
Jimin pensó por un momento, él era obediente y siempre había sobresalido por sus notas, si sus padres no lo valoraban ¿Por qué tendría que seguir cada una de sus peticiones?
―No, iremos a l-la fiesta―se limpió las lágrimas y levantó su frente.
― ¿Estás seguro?
―Muchísimo.