Una molesta luz atravesaba la cortina de la habitación y daba justo en su rostro, haciendo que se levantara con pesadez, cuando intentó darse la vuelta para evitar ese rayo de sol, sintió un bulto a su lado y recordó que había pasado y por qué no estaba en su casa. Una mueca de tristeza de formó en su rostro, no quería que su madre lo regañara de nuevo y lo hiciera sentir una basura como lo hizo hace unos días, pero sabía que debía volver sino el problema sería mayor.
―TaeTae, debo irme a casa―lo agitó, ya que sabe que su amigo tiene sueño pesado. Se lanzó sobre él y comenzó a agitarse estrepitosamente y solo escuchaba los pequeños quejidos debajo de su cuerpo.
―Mochi bobo, voy a lanzarte de la cama― Jimin se bajó rápidamente ya que no era la primera vez que lo amenazaba así y siempre cumplía lo que decía, no quería caer de culo desde la cama.
―Tengo que irme, mis padres deben estar esperándome con agua bendita― dijo sin pensarlo realmente, Taehyung se sorprendió, era la primera vez que Jimin hacía un chiste con un elemento "sagrado" como lo es el agua bendita en su religión.
―Te llevaré, andando― se levantó con su pijama de ositos y comenzó a salir de la habitación, ante la mirada del menor.
― ¿No vas a cambiarte de ropa siquiera? ― preguntó divertido viendo como su amigo analizaba su vestimenta y luego de unos segundos restó importancia y rodó los ojos.
―No voy a la casa del presidente, así que...
Bajaron las escaleras de forma estruendosa y en el transcurso Jimin pudo ver a lo lejos un ramo de Tulipanes en un bello jarrón, dudaba que fueran de Tae, tal vez eran de su madre, pero según sabía ella estaba soltera. Decidió preguntarle en el camino sobre las flores y al salir de la casa de su mayor pudo ver un cachorrito café por la puerta, era muy pequeño y estaba sucio y herido, Jimin no pudo evitar acercarse y verlo de cerca. El pequeño cachorro se alejó con miedo, temiendo que el humano le dañara, pero cuando este acercó su mano tuvo un poco más de confianza, dejándose mimar.
―Pero mira que cosita más bonita― el pelirrojo se acercó al cachorrito y lo acarició un poco, su pelito estaba enredado y sucio, nada que un buen baño no arreglara.
―Me da penita dejarlo, pero no me dejarán tenerlo en casa― Jimin se lamentó―Hyung ¿Puedes tenerlo? ―le preguntó esperanzado por el pequeño animal, el cual tenía una patita rota.
―Mi mamá no quiere mascotas de ningún tipo, además ese tipo es alérgico así que menos me dejará conservarlo― Jimin lo miró curioso sin dejar de acariciar al canino, quizás esa persona le había regalado las flores a la señora Kim.
― ¿Cuál tipo? ―su pregunta fue interrumpida por el pequeño aullido del cachorro, intentó caminar hacia los humanos y su patita dolió.
―Vamos, te ayudaré a esconderlo en tu casa y mañana lo llevaremos al veterinario después de clases. Hablaremos de eso en el camino ¿Sí? ―Jimin asintió, al parecer era un tema un poco delicado para su amigo así que lo dejó de lado y sacó una bufanda de su mochila, la cual utilizó para envolver el pequeño cuerpo peludo.
―Cuando este bañadito y curado, anunciaré que está en adopción y tal vez alguien con gran corazón lo adopta―acarició sus orejitas y la bolita café se acurrucó más.
―Podemos ofrecérselo a tu vecino, tal vez le gustan los perros― dijo el mayor, no era tan mala idea, lo peor que pudiera pasar es que le dijera que no.
―Sí... debo admitir que la salida fue muy divertida― sonrió por los recuerdos de la noche anterior, jamás había tenido ese sentimiento de libertad, libertad real.
―Me alegra que lo hayas disfrutado y también espero que te arriesgues otro día― cruzaron la calle con cuidado, faltaban pocas cuadras para llegar a la casa del menor. Pudo ver una clínica veterinaria a unas cuantas casas de distancia y consideró el llegar un poco tarde a casa y ayudar al perrito desde ese momento.
― ¿Crees que mis padres se molesten más si voy a esa veterinaria ahora? ―vio que cada vez se acercaban más y luego el menor frenó repentinamente.
―Lo harán, pero el perrito se ve en malas condiciones― señaló su patita y una orejita que estaba cortada en la parte de arriba. Jimin lo consideró, sus padres siempre le han dicho que hay que ayudar al prójimo, aunque sea un animal es una creación del señor y... aunque ellos siempre dicen eso, jamás han ayudado a nadie, jamás.
― ¿Jimin, estás bien? ―preguntó su amigo al verlo tan perdido en sus pensamientos y el ceño fruncido.
―S-sí, vamos a la veterinaria― caminó rápido y abrió la puerta con decisión. Era un lugar muy bonito, muchos dibujos de huesos adornaban el suelo y en una zona en especial abundaban las patitas de gato como decoración, un lindo lugar.
―Buenos días ¿Puedo ayudarle con algo? ―una chica de cabello rizado apareció frente a los chicos, tenía el uniforme de la veterinaria y en su gafete de presentación decía Minsoo.
―Encontramos a este pequeño en la calle y está herido― descubrió al pequeño perrito y este asomó su nariz, olfateando la mano de la desconocida.
―Oh no, mira a este pobre...―miró debajo de las patitas del can―Chico, eres un chico―acarició el pelaje enredado y los miró con una sonrisa.
―Pasemos a la sala de revisión, díganme, chicos ¿Piensan quedarse con el chico? ―entraron a una habitación blanca y la veterinaria puso al cachorro en una manta, para revisarlo.
―Pensamos en darlo en adopción a algunos de nuestros vecinos― dijo Jimin― Creo que le encontraremos un buen hogar.
―Me alegro de su decisión. Miren, tiene la patita rota y las orejitas dañadas. Tendremos que raparlo para poder curar las heridas y ponerle un apoyo para su patita ¿están de acuerdo con eso? ―preguntó, los chicos se vieron entre sí por unos segundos y después asintieron al mismo tiempo.
― ¿A qué hora tendríamos que volver? ―preguntó el pelirrojo, sacando su celular para anotar hora y fecha, y que era muy olvidadizo y seguramente se le olvidaría.
―Pueden venir mañana a las cinco de la tarde, tendrá el apoyo de su patita y les dejaré los medicamentos necesarios para su cuidado.
Siguieron hablando sobre las heridas y como debían alimentarlo al llegar a casa, ya que el pequeño tenía tan solo unos dos meses y estaba un poco delicado. Cuando la charla acabó Jimin vio la hora, eran las siete y media de la mañana agradecía que esa veterinaria era 24/7 ya que no hubiesen encontrado ninguna veterinaria abierta a esas horas.
Volvieron a caminar hacia la casa del menor y no podía dejar de pensar en el posible castigo que estos tenían planeado para él, quizá le quitarían su celular y lo obligarían a recitar todos los mandamientos mientras les cocina o algo así. Unas pocas casas de distancia se despidieron con un abrazo, ya que sus padres y Taehyung no se querían tanto.
―Bien Jimin, entrarás como si nada e irás a tu habitación para hacer tus deberes―se animó a sí mismo y suspiró profundo. Tomó las llaves de repuesto que se había llevado desde el inicio, abrió y cuando dio un paso vio dos sombras con los brazos cruzados justo frente a él.
― Puedes decirme por el amor al señor, ¿dónde estabas? ―preguntó molesta su madre y su padre no decía nada, solo lo miraba sin expresión alguna.
―Salí con mis amigos, siento el haberlo hecho―intentó salir de la conversación caminando a su habitación y rodeándolos.
― ¿Quieres que en verdad me crea eso cuando ni siquiera tienes amigos? ―preguntó molesta, siendo muy grosera, tanto que hasta su esposo la miró sorprendido por lo que dijo, Jimin giró sobre sí mismo para mirarlos.
―Conseguí nuevos amigos madre, y claramente no los conoces porque cada vez que traigo a alguien a casa lo ahuyentas con tus cosas―le contestó molesto, eso de responder le estaba haciendo sentir lleno de alguna forma, el quedarse callado ahora quemaba su garganta, en especial en peleas tan tontas como esa.
― ¿Crees que se irían tan fácilmente si en verdad quisieran ser tus amigos? ―Jimin miró al suelo no teniendo una respuesta para eso, puede que tuviese razón en ese punto.
¿Quién lucharía por estar junto a alguien que acaba de conocer?
―SunHee, estas siendo demasiado ruda―reprendió en un susurro el adulto, su esposa podía ser muy fastidiosa cuando estaba molesta y aunque él también estuviese de ese modo por la escapada de su hijo, no era la forma de hablar con él.
―No estoy haciendo nada que no deba hacer. Estás castigado sin dinero semanal por un mes, no puedes usar tu celular ni computadora en todo ese tiempo ¿Escuchaste bien o tienes algún argumento inútil que agregar? ―Jimin cerró las manos en forma de puños, como se le estaba haciendo costumbre cuando hablaba con su madre y comenzó a subir las escaleras sin decir nada.
Al llegar se lanzó a su cama sin cerrar la puerta y apagó su celular, su madre no tenía ni idea de cómo encenderlo así que no dejaría que registrara sus cosas, escuchó los tacones molestos cerca de él y sin mirarla le tendió el celular para que lo tomara y se fuera de una vez, la mencionada lo tomó y se fue, dando un portazo. Quería llorar, pero no iba a hacerlo por algo así, podía vivir sin usar su teléfono, pero ¿cómo lo haría sin su dinero semanal? Eso cubría todos sus almuerzos y cenas, ya que su madre casi nunca cocinaba y había muy pocas cosas en la nevera. Tendría que pensar en algo y lo haría después y un apretujón invadió su pecho al recordar que tenía que pagar la mitad de la curación del perrito, era la mitad, pero no dejaba de ser una buena cantidad que no tenía. El sonido del timbre se escuchó en la planta baja y no pensaba en bajar para abrir, que lo hicieran ellos.
Mientras tanto un Yoongi algo cansado se encontraba en la puerta de su vecino, el gatito del menor estaba de nuevo en su jardín y lo llevó para devolverlo, solo rogaba que no fuesen los padres del chico los que abriesen la puerta, ya que no tenía ganas ni de hablar, menos con ellos.
― ¿Qué desea? ―preguntó la adulta con cara de superioridad, por alguna razón.
―Minnie estaba en mi jardín y lo traje a su casa―le dijo mostrándole al minio en sus brazos, una cara de desagrado surcó en la cara de la mujer, haciendo dudar al pelinegro si darle a ella el gato o no.
―Déjalo por ahí, mi hijo no se merece una mascota―dijo como si fuera un objeto el cual pudiera desechar, intentando cerrar la puerta.
―N-no puede dejarlo en la calle, así como así―detuvo la puerta con su mano, mirando enojado a la adulta que luchaba por cerrarla.
―No es de mi interés, aléjate―un portazo se escuchó y un indignado Yoongi bufó molesto, no podía tener al gatito en ese momento, su papá es alérgico a ellos. Vio la ventana que dirigía a la habitación del dueño del minino, así que tomó una piedra del suelo y comenzó a lanzarla a la ventana.
Jimin, quien aún seguía acostado boca abajo, se quejó del molesto sonido en la ventana y se levantó para gritarle a quien sea que estuviese ahí, pero su rostro se relajó al ver a Yoongi con su Minnie en brazos, abrió la ventana y salió un poco, para poder escucharlo.
― ¿Por qué tienes a Minnie? ―preguntó curioso, estirando sus brazos para que de alguna forma pudiera tomar al animal.
―Creo que está enamorado de mi jardín―dijo riendo―iba a dárselo a tu madre, pero ella lo rechazó― Jimin paró cualquier intento de tomar al minino y frunció el ceño notablemente.
― ¿Ella-ella qué dijo? ―enojo y tristeza reflejaban los ojos color avellana del menor, haciendo sentir mal al mayor.
―Que lo dejara por ahí, pero preferí dártelo por la ventana que dejarlo en la calle― volvió a intentar pasarlo, levantándolo como a Simba en la película del Rey León, siendo más fácil que Jimin lo tomara y lo acurrucara en sus brazos.
―Muchas gracias Yoongi, en serio te debo una― acarició las orejas negras de Minnie y miró agradecido al mayor.
―No es nada, ya veré como me pagarás el favor― le guiñó el ojo y camino directo a su casa, sin mirar atrás.
Un Jimin confundido y un poco asustado estaba aún en la ventana ¿cómo lo haría pagar el favor? Solo esperaba que no fuera nada denigrante o algo como los retos que Tae intentaba dejarle cuando jugaban a verdad o reto.