capítulo 5

2341 Words
Este día fue increíble. Muchas emociones, muchas noticias, y sobre todo muchos sucesos. Ahora ya estábamos llegando a casa con Marian, efectivamente mi madre no se quedo a trabajar hasta tarde, eso quiere decir que definitivamente teníamos visitas. Y ya sabia de quien. — Hola mama. – le di un beso en la mejilla ella estaba en el comedor barriendo. — Hola Sofi, hoy tenemos visitas, mientras limpio quieres ir a la cocina a preparar la cena…. Sabemos que Mariam no cocina.- esto último lo dijo en voz baja para que no lo oyera mi hermana, con una sonrisa de complicidad. — Si ma, ya se quien viene. Me hubiera gustado enterrarme por alguna de ustedes. — No te lo dijo tu hermana.- negué con la cabeza. — Se entero de la mejor fuente. Del mismísimo Elías, de todas formas él sabia que no te lo había dicho y me pidió permiso para que él mismo te de la noticia. ¿Cómo? me quede frente a la cocina cuando dijo eso mi hermana. No tenia ganas de discutir así que le dije que no me importaba. Me encargue de la cena, un pollo al horno con papas con salsa blanca y champiñón. Mi madre sabe que no me gusta que interrumpan mientras cocino, que prefiero estar sola, así que decidió ir preparando la mesa en el living, colocar el mantel con las copas, junto con los cubiertos y los platos que utilizamos para las visitas. Mientras cocinaba me puse una música demasiado tranquila para concentrarme, la música de Adele, creo que tiene una voz maravillosa junto a sus letras que si las entendiera uno, podrías llorar todo el día de lo hermosas que son y sobre todo muchas te llegan al corazón. Seguí cortando los champiñones mientras se cocinaba el pollo en el horno, de vez en cuando lo cubría con mi salsa especial para darle gusto. Cuando termine con los champiñones los puse en una sartén con aceite y cebolla para que se mezclaran los sabores antes de agregarle la leche para comenzar la salsa blanca. Estaba a punto de terminar con la guarnición cuando escuche el timbre, ya habían llegado y todavía no me cambie, genial como siempre última. — Marian puedes fijarte la cena mientras me voy a arreglar. — Si claro y quieres que corte el pollo también. – Marian y su ironía, nunca voy a sorprenderme de sus respuestas cuando le pides ayuda, a no ser que sea para satisfacerse ella. — Sabes que, deja voy a ver cómo me arreglo, así no se te pudren las uñas que tanto cuidas ni tampoco tu pelo recién teñido. – sé que fui grosera pero estaba nerviosa. — Que grosera Sofía, y además me preocupo de algo que vos no. — ¿Ah sí? ¿Y que es? — De la belleza, ja. Una de las dos hijas de mama tiene que conseguir novio, y con tus fachadas será imposible. — Cállate, por lo menos soy la que tiene cerebro y va a dar ingresos a esta casa. – me di media vuelta a la cocina me fije que todo estuviera en orden y corri a mi habitación. Esta Marian siempre la misma, para ella al igual que muchas como ella creen que el mundo esta hecho de belleza, por eso hay tantas chicas con problemas de nutrición y salud. Se creen las Miss universo sin concursar en su vida. Estoy harta de siempre la misma mierda, te ves fea, estas gorda, eso esta fuera de moda (como si ellas fueran a hacerse ricas por lo que llevan puesto), estaba cansada de las mismas conversaciones estúpidas de mi hermana sobre la moda. Grr. Ya estaba en mi cuarto, elegí un vestido blanco sencillo que tenia guardado para salir, aunque también es para utilizar por si tuviéramos alguna visita. Busque unas sandalias color natural y un conjunto de ropa interior claro, una vez que agarre todo camine hacia el baño. Pero estaba ocupado, quien podría estar mas que Marian viéndose en el espejo y para joderme más el día seguro. — Marian ya sal del baño. Lo necesito ahora. Espejos hay en toda la casa y en tu cuarto hay uno de casi cinco metros. Dale. No respondía, estupendo iba a estar tres horas esperando a que salga. — Dale Marian… necesito bañarme ya están Elías y sus padres, apúrate que tengo que terminar de cocinar. De pronto se abrió la puerta del baño sola. Al ver que no salía nadie ingrese para ver si me estaba haciendo una broma. Ahí adentro no había nadie, como puede ser, la puerta estaba cerrada de adentro y se abrió. Deje la ropa sobre el mueble del baño y mire hacia afuera de la ventana que estaba abierta. Pero no había nadie. Eso si que era lo mas raro que me paso, al darme cuenta que estaba retrasada abrí la ducha y me di un buen baño tratando de tranquilizarme de todo. Una vez que salí del baño, decidi ir a mi habitación para cambiarme ya que tenía calor por el vapor del baño. En ese momento, en bata, me tropecé con Elías. — Oye Sofía, siempre mirando hacia el piso y tropezándote con la gente. — Y tú siempre mirando al frente y sin correrte a un lado. – Le dije frunciendo el ceño. — Se ve que hoy no es tu día, perdón. - dice. — Discúlpame Elías pasa que estoy un poco nerviosa.- era cierto. No sabía lo que ocurrió recientemente en el baño y en todo el día. — ¿Seré la causa yo? -Pregunto desplegando su sonrisa. — Claro que no, tu no me pones nerviosa, me pone más nerviosa las caídas que tengo y llegar a lastimar a alguien — ¿Y ya has mandado al hospital a alguien?. -Me dijo mientras se echaba a reír. — Por el momento no, te avisare si llega a pasar, así me ayudas a llevar a esa persona.- Y me reí junto a él. — ¿A dónde te dirigías? — Pues al baño. Ya que lo has desocupado.- Me miro de arriba abajo, caí en la cuenta que estaba en bata desnuda. Sentí un calor en toda mi cara y si tuviera un espejo al lado seguro la podría ver más que colorada. — OH maldición. Discúlpame debo vestirme, que vergüenza. — Por mí no te preocupes, si fuera una cena de los dos me hubiera encantado que me recibieras así.- Me decía mientras se reía a carcajadas tomándose la panza con las dos manos como si le doliera. — Gracioso y pervertido, déjame pasar. — Te queda lindo en serio Sofía. No te enfades es broma pero la idea no es muy mala que digamos. -Seguía riéndose. — Si solo en tus sueños.- Y me fui corriendo a mi habitación, maldito idiota a medida que crecen se vuelven mas estúpidos los hombres. Me cambie rápido para ver como estaba la cena, ya que era mas que seguro que Marian no se fijo para no arruinarse las uñas. Todavía pensando en lo que ocurrió en el baño y en el pasillo con Elías, baje las escaleras, los invitados estaban en el living charlando de su día, me detuve a saludar a los padres de Elías. — Buenas noches señor y señora Targarian. — Buenas noches Sofía, cuanto creciste, pensar que te conocemos desde que tienes 3 años. — Y te has puesto muy bonita.- Me decía Susana la madre de Elías. — Muchas gracias Susana.- Me sonroje en el momento porque me daba vergüenza que me dijeran bonita o ese tipo de cumplidos. Mire de reojo a Elías que estaba sentado en una esquina del living, en uno de nuestros sillones blancos, y pude percibir una sonrisa aprobando lo que decía la madre. Que le pasaba a este chico hace años que no me habla y tiene más confianza que la que uno le da. — De nada niña. La verdad nos alegra que nos juntemos en familia ya que nos conocemos hace años. — Si, es verdad.- Siempre digo esa frase cuando no tengo ganas de platicar mucho.- bueno voy a ver si esta lista la cena y los llamo para que ingresen al comedor. — Quieres un poco de ayuda Sofi. — No Susana gracias. Ustedes son nuestros invitados.- Se volvió a sentar y siguió platicando con mi madre. Me parecía raro que el señor Targarian estuviera tan callado y no hablara demasiado. Fui directo al horno para ver si el pollo estaba lo suficiente dorado como para sacarlo. Las papas al champiñón estaban a punto. Y el pollo casi listo. Agarre de la alacena una fuente de porcelana lo bastante amplia para que me entrara todo y poder decorar la comida principal. — ¿Necesitas ayuda bonita? Me sorprendí no solo por la pregunta sino que estaba concentrada en no quemarme con la fuente que contenía el pollo, aunque fue en vano el intento, me queme. — Mierda… — ¿Estás bien Sofía? Déjame ayudarte.- En ese momento se acercó Elías con un repasador para sostener la bandeja que contenía el pollo y la coloco sobre la mesada. — Estoy bien gracias. Solo me queme un poco, pero no es nada. — Déjame ver.- Antes que pudiera decir algo Elías cogió mi mano para ver la quemadura que me había hecho. Donde ya se estaba formando una ampolla. Lo observe una y mil veces, preguntándome si se había golpeado la cabeza o esa mañana se levanto con ganas de hablarme. Él no era así, y sobre todo no era así desde que entramos en la segundaria y se puso de novio con Daian, que luego de un tiempo se pelearon. — Estas bien, solo se te va a formar una pequeña ampolla pero no hay que cocer.- Y desplegó su sonrisa de niño bueno. — Mucho mejor, ya estaba pensando en ponerme algún guante para que no me vean los puntos gracias doctor Targarian. — No es nada, igual para asegurarnos te tengo que sanar, solo por prevención. — ¿Ah si?.- Y en ese momento, se inclino hacia adelante, yo me quede petrificada a la espera de lo que estaba haciendo, levanto mi mano a la altura de su mentón, y beso la herida muy suavemente.— OK ya está sanada.- le digo mientras empiezo a sentir las mejillas coloradas al ver lo que hizo. — Emmm… disculpen chicos que los interrumpa quería ver si necesitaban ayuda. Pero... veo que no- dijo Marian mientras se apoyaba en un costado de la puerta de la cocina con los brazos cruzados. — Este... no, no ya casi termino con todo.- solo le pude decir desviando la mirada de Elías que aún no soltaba mi mano — Ya veo.- Marian se da vuelta regreso al living con una sonrisa pervertida pero con celos en sus ojos. Suelto mi mano del agarre de Elías y vuelvo hacia donde me habia quedado, el pollo para ponerlo en la bandeja y decorarlo con las papas. — Te ayudo.- me dice Elías mientras se coloca detrás de mí. En ese momento me tense, me puse nerviosa pude sentir el calor de su piel que sobresalía de su remera pegada al cuerpo marcando su gran físico. Y su olor, esa colonia que usa es extremadamente adictiva. — No.- logro decirle nerviosa dándo la vuelta para encararlo.- no necesito ayuda puedo terminar sola. Ya hicimos una gran escena. Gracias. — ¿Una gran escena? Solo te estaba curando.- estaba a pocos centímetros de mi cara, no pude evitar mirar su rostro, tenía unos espectaculares ojos muy penetrantes, de color miel muy parecidos al dorado, su cabello castaño iban en tono a su piel bronceada, y sus labios, sus labios solo podía pensar que eran increíbles. Sin embargo, volví a la realidad, tengo que tratarte de no distraerme. — De esa manera seguro curas a la mayoría de la gente. Gran capacidad tienes para curar.- lo vi acercándose poco a poco mientras me respondía pero me tire hacia atrás. — A la mayoría de la gente no. A las mujeres puede ser. Nunca haría eso con un hombre.-dice y se larga a reír. — Guau que gran humorista eras, sobretodo porque te ríes solo de tus bromas. — ¿Y quién dijo que era una broma?- me guiña mientras me dice eso. Bien, así que ya estaba mostrando su lado masculino, dejo en claro que hace eso con todas las mujeres y así es su forma de coquetear. Me dieron ganas de empujarlo y sacarlo de la cocina. Sin embargo, me di media vuelta y continúe con mi tarea. — Bien macho de América puedes ir con los invitados y decirles que se vayan acomodando en la sala, por favor. — Obvio. Con mucho gusto voy a decirles que la princesa estará con ellos en unos minutos con su banquete. Cuando me gire a para contestar, ya se había ido. Ese chico se estaba pasando, no se que bicho raro le pico. O será que es cierto lo que me decía Karyn hoy, de que Elías está detrás de mí. Saque de mi cabeza ese pensamiento y termine con la cena, me dirigí hacia el comedor donde estaban ya sentados todos esperando. Mi madre me observaba con orgullo, como si fuera una súper cocinera o una mujer hecha y derecha al saber cocinar, mi hermana, como siempre observaba su teléfono chequeando de seguro alguna noticia de último momento, la mama de Elías me sonreía y el padre miraba hacia otro punto lejos de donde estaba yo, seguía callado y además incómodo. Coloque la bandeja en el centro de la mesa y fui recibida con aplausos y asombrosos comentarios de lo bien que se ve. Me sorprendió saber que mi ubicación era al lado de Elías. Como si todos esperaran que yo tuviera ese lugar, me miraban sonriendo. Bueno yo tenía hambre, así que si era posible me iba a sentar hasta en el suelo.
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