Capitulo 3: Consolador

1259 Words
Meses después. Había esperado con ansias, cada segundo, cada minuto para consumar lo nuestro. Incluso compré lencería del color que a él le gustaba, prepare su comida favorita y un par de copas de vino. Los últimos tres meses lo habíamos intentado, solo surgía de repente, no lo presionaba. Sin embargo no había orgasmo, y eso me estaba matando. A ese ritmo nunca me embarazaria, y el sabe cuánto deseo tener algo nuestro. A escondidas había comprado un consolador, me sentia mal por ello, por buscar placer en un pedazo de plástico teniendo un marido atractivo y bien dotado en casa. Lo guarde en mi caja fuerte, si otra vez me dejaba con ganas de más en pleno acto tendría que usarlo o perdería la cordura. Me senté a la mesa a esperarlo, había decorado el comedor con velas aromáticas de canela, flores en el centro de la mesa y un camino de pétalos de rosas hasta la cama. Estaba cansada de los preparativos, de la visita al spa, de que casi incendio la cocina preparando lo que a él tanto le gustaba. Tiene que funcionar esto si o sí. Cuando abrió la puerta, se veía claramente que se había estresado, dejo su maletín en el sofá y se lavo las manos antes de sentarse a la mesa.. — Massi, ¿te gusta como me veo?— le pregunté emocionada dándome una vuelta para que apreciará. — Te ves preciosa, Violeta— respondió con una sonrisa amable. — Prefieres comer esto primero o... — me destape el pecho, mostrándole mi sostén casi transparente— Ya espere los tres meses que me pediste. — No quiero volver a decepcionarte, mi amor— susurró nervioso. — Nunca me has decepcionado, Massi — dije levantándome de la mesa y caminando hacia el —Pero no me hagas esperar más, estoy adolorida reprimiendo lo que mi cuerpo quiere volverse uno contigo. Me sugeto de las piernas y me hizo rodear su cadera,sonreí emocionada. Nos besamos, y yo sentí que por fin podría descansar de este martirio. Llegamos a la cama, y no pasó tanto tiempo cuando lo volví a sentir dentro de mí. Comenzamos a movernos torpemente, y yo quería todo. Quería llegar más allá y estaba a punto de lograrlo. — Si, Massi, ah ... Que rico — gemí. Está vez estaba segura de que lo lograría pero volvió a detenerse justo antes de llegar al orgasmo. — No me hagas esto, Massi— Jadeé— no otra vez. — No puedo, violeta— soltó él— no puedo. Me levanté y saqué de mi caja fuerte el consolador y lo encendí. — Lo necesito Massi, aún que sea con esta cosa plástica— confesé llevándolo a mi intimidad— Sabes que te deseo a ti, pero necesito liberarme. El la tomó entre sus dedos, escandalizado pero al ver mi desesperación lo introdujo lentamente, hasta el fondo y comenzó a moverlo mientras vibraba. — Muévelo más fuerte, como si quisieras destrozarme la v****a— Jadeé. — Te va a lastimar— renegó Massimo. — ¡Quítate, yo lo hago!— dije tomando el consolador, moviendolo con rapidez, metiéndolo y sacandolo. Massimo solo me observaba y llegó el momento en que ignore su presencia. — Moriria por qué este pedazo de plástico fuera tu v***a, Massimo— Dije entre gemidos y jadeos. Mis piernas comenzaron a temblar, mis manos se aferraron a las sábanas, mi corazón latía desenfrenado, mi espalda se arqueo en respuesta y mi intimidad se corrió. Llegué al orgasmo, era fácil adivinarlo. Después de tanto tiempo lo había logrado con esa cosa de plástico. Miré a Massimo, el estaba sorprendido. Yo me sentía avergonzada después de lo que había dicho. —Ire al baño— le dije levantándome de la cama — Iré a lavarla, y la guardaré. — ¡Esa cosa va directo a la basura!—exclamó levantándose de la cama. Se acercó a mí, y me la arrebato de las manos. — Massi, ¿por qué?... No lo tires, es mío — dije tratando de quitárselo de las manos. — No está bien, yo debía ser quien te hiciera lograr esa sensación — dijo molesto. Era fácil suponer que lo había herido, pero también lo estaba yo. Tener que usar esa cosa, fue vergonzoso y humillante. Sin embargo no sabía que hacer. — Algo no está bien, Massi — dije envolviéndome en la sabana, como si eso pudiera protegerme de lo que había hecho hacer a Massimo — Esto ya no es normal, vamos con un medico o un terapeuta... Esto ya no puede seguir así. Estoy jodidamente caliente todo el tiempo. El arrojó al cesto de basura el consolador. — ¿Cuando compraste esa cosa?— me preguntó recargandose en la pared, con una mirada molesta. — La compré en línea hace una semana. — Te dije que podías usar el dinero en la tarjeta para lo que quieras pero no para esas porquerías — soltó golpeando la pared — Se que no te satisfago sexualmente, pero ¿no te basta con tener todo mi amor? — ¡Sabes que yo te amo como a nadie, que te esperé estos tres meses, solo por qué te amo!— grité — Te doy opciones sobre ir a un medico y saber que está pasando y tú evitas el tema. Suspiré tratando de calmarme pero fue imposible . — ¡¿Dime que mierda está pasando?! Me senté en el borde de la cama, agachandome con la mirada al suelo sujetandome el cabello con fuerza. — ¿Puedes esperarme otros tres meses?— pregunto Massimo dándome una palmada en la espalda. Es el colmo, esto ya es burla. — ¿Y después de esos tres meses, vas a volver a pedirme tres meses más?— pregunté molesta quitándome su mano de encima— Te amo más que a mi vida y quiero esperarte, pero me estás haciendo suplicarte por algo que no debería estarte pidiendo. — No se cuánto tiempo necesite, ¿es lo que querías oír?— respondió. — Osease que ese ese es tu plan, emocionarme para después dejarme ardiendo por tí — reclamé, tomando mis llaves de la cómoda — Me haces sentir culpable por desear a mi propio esposo. — Violeta, no es mi intensión yo... — ¡Saca mi consolador de ahí!, no me niegues por completo el placer en todo el tiempo que estoy dispuesta a esperarte — dije llorando —¿Por que te casaste conmigo si no me deseabas en tu cama? ¿Que diferencia hay de cuando éramos novios?. Abrí la puerta y me marché a la calle. No me importa si me sigue Massimo, ya ni siquiera me siento como mujer, soy una maldita prostituta que mendiga a su marido por intimidad. Y no puedo contarle a nadie sobre lo que pasa. — No salgas a esta hora, es muy noche.— dijo tomando mi mano en mitad de la calle — No quiero que te pase algo. Me recargue sobre su pecho a llorar, nunca le había alzado la voz, nunca lo había visto así. El tenía miedo de que me fuera, y me envolvió en sus brazos hasta que volvimos al departamento y nos sentamos a la mesa. — Lo siento, Massi. — No es tu culpa, mi niña. — Voy a esperarte hasta que estés listo— respondí tomando una cuchara con comida y llevándosela a la boca— No quiero perderte, tu eres un buen hombre. Nuestra discusión acabó, pero mi corazón estaba herido.
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