Ya no soy virgen, pero no fue satisfactorio que justo cuando casi lograba el orgasmo, se acabará abruptamente.Me quedé con ganas de más.
Al día siguiente
Tomamos el vuelo y llegamos a nuestro destino. Evitabamos hablar de la noche anterior, y solo tenía la esperanza de que hoy llegara la oportunidad de volver a intentarlo.
— Massi, este hotel está de lujo— dije emocionada corriendo como una niña pequeña — Tomame una fotografía.
No solo tomo una fotografía, tomó decenas.
— Señor y señora Montenegro, su habitación nupcial está lista.
Massimo les entrego el equipaje a los botones y pensé que iríamos a la habitación de inmediato. Pero me tomó de la mano y quiso recorrer todo el hotel.
— Massimo, la espera se está volviendo cruel —Dije después de ver a otra pareja de recién casados, agazagandose en un rincón lejos de la vista de los huéspedes — No me hagas esperar más, estoy ardiendo.
El colocó su mano en mi frente y fingiendo confusión dijo:
— Tu temperatura está bien.
Arrojé su mano de mi frente, y trate de calmarme pero no lo logré.
—Cuando éramos novios, se que te llegue a frenar muchas veces , ¿te estás vengando?— le reclamé — por qué ahora mismo no estoy para esas cosas, Massimo.
Massimo me tomó de brazo y me jaló hasta la habitación. No pasó ni un segundo cuando estaba besándome, volviendo a acariciarme más indebidamente.
Desabotone su pantalón, e intenté llevarme su sexo a la boca, quería que antes que satisfacerme, complacerlo a él.
Sin embargo el me arrojó sobre la cama,y me quito la ropa interior de un tirón.
Me penetró en un instante, e intentamos movernos torpemente, deseando que lo de la noche anterior no se repitiera
— Ah, Massi, así — gemi.
Estaba a punto de llegar al orgasmo nuevamente cuando se detuvo.
— No me hagas esto, Massi — me aferré a el— Solo faltaba un poco, solo un poco.
—Lo siento — dijo acariciando mi rostro con delicadeza mientras me cubria con la sabana— voy a traer comida para ambos.
No lo detuve cuando cruzó la puerta, solo que quedé en la cama totalmente desnuda, mirando los mensajes de mis amigas preguntándome si había tenido la noche fogosa que pensábamos que tendría.
Respondí que habia sido como lo había imaginado, junto con emojis de fuego. Pero la realidad era que no logramos tener sexo. Me sentía inútil, indeseable mientras sentía que la cama me engullia.
Esto es mi culpa, estuvimos a punto de hacer el amor varias veces antes de casarnos y yo, lo detuve. ¿por que lo detuve?,
Massimo llegó y limpie mis lágrimas, con la palma de mi mano.
— Esposito, ¿que me trajiste?— le pregunté emocionada mientras veía como recorría el carrito de comida hacia la cama.
— Solo cosas que te gustan y ... — me dió en las manos un ramo de violetas, como mi nombre.
Eran tan hermosas que después del vacío que sentí por lo que había pasado, ahora solo era un recuerdo que quería olvidar.
— Massi, ¡¿dónde las conseguiste?!— dije abrazando mi ramo de violetas.
—Es un secreto — dijo con una sonrisa de lado.
— Me conoces bien, Massimo— dije colocando las en una jarra que había en la habitación.
Ambos salimos de la habitación y comenzamos a caminar juntos. Quizás aun no consumíamos el matrimonio, pero el amor era más fuerte que ese deseo carnal.
Al llegar de la luna de miel, nuestros padres fueron a recogernos, dándonos la bienvenida.
— Suegros, les traje obsequios — afirme, entregándoles tazas decorativas y llaveros.
A escondidas de mis suegros, a mis padres les entregué los regalos más bonitos. Un prendedor de caracol y a mi padre una taza de café enorme.
Nos llevaron hasta nuestro nuevo hogar, un departamento al que no le hacía falta nada, Massimo no había escatimado en gastos y había puesto más de lo indispensable.
— Voy a ducharme — dijo Massimo al entrar.
— ¿Puedo ir contigo?— pregunté nerviosa.
— Voy a ser rápido, quiero ayudarte a hacer la cena— respondió colgándose la toalla en el hombro y entrando al baño.
Massimo es respetuoso y demaciado responsable, cariñoso pero su indiferencia a llevarme a la cama, me hiere.
Tomé mi toalla y entre a la ducha totalmente desnuda sin preguntarle su opinión. Me pare frente a él y comencé a ducharme a su lado.
— Tardabas demaciado — aseguré.
— ¿Aún estás molesta por lo que pasó en nuestra noche de bodas y en la luna de miel?— pregunto directamente.
— Eso ya pasó, Massi— dije recargandome en su espalda desnuda— Estoy dispuesta a esperarte, hasta que estés preparado, pero dame esperanza de que va a ocurrir... Que no vas a detenerte.
Beso mi hombro y después me abrazó por detrás.
— Solo dame tres meses, te compensare —dijo arrinconandome en la pared— lo prometo, pequeña traviesa.
No estás ayudandome para nada, Señor Massimo — solté a reírme nerviosa — Uy, eso me está picando la panza— dije señalando su erección.
Massimo se cubrió con las manos y salió del baño corriendo.