CAMILA El viejo bar. Allí era donde la tenía. Sabía bien donde se encontraba, ese lugar fue uno de los antiguos trabajos de mamá, luego de la muerte de mi padre. El mismo que me vi en la necesidad de asumir cuando enfermó. Ahora, se había convertido en un viejo bar abandonado en un punto casi desierto. Había cerrado un año antes de que me marchara. Con el auge de nuevos establecimientos dentro de la ciudad, el bar perdió clientela y el dueño, no tuvo otro remedio que clausurar su preciado local. La ubicación no era la mejor, ya que para llegar hasta el, debíamos tomar un largo camino al otro lado de la carretera, casi a la salida del pueblo. La antigua y ostentosa puerta que daba la bienvenida a los visitantes, no era más que un trozo de madera vieja y carcomida. La hice a un lado y,

