CAMILA Sus ojos me observaban con furia y yo no daba crédito a lo que acababa de escuchar. ¿En serio creía que sería capaz de irme a la cama con Dylan? Este hombre necesitaba madurar. — No me provoques, Camila —me agarró del brazo con fuerza, tomó mi mentón con su mano para que le mirara y prosiguió—. Lo que acabas de decir, no es cierto. Dilo. A pesar de su furia, me rogaba con la mirada que negara lo que acababa de decir. En primer lugar, no era cierto, aquellas palabras salieron de mí, producto del enojo y la frustración cada que recordaba que se había marchado con ella. No quería verle, había caído en las patrañas de esa víbora a pesar de que le pedí que no la llevara en su coche. Lo hizo, para provocarme y, lo logró. Lo tuve presente durante toda la cena, cuando Diana sacó una bot

