CAMILA — Me ha encantado. Levanté la mano y acaricié su rostro, al tiempo que con mis ojos, acariciaba su mirada. Recorrí sus turgentes labios con el pulgar, deseando perderme en ellos por tiempo indefinido, desaparecer en su cuerpo para no ser encontrada. Me apoyé sobre la punta de mis pies, queriendo llegar hasta ellos. Le besé en una suave y sutil caricia, y me sentí libre, libre de cualquier preocupación y pensamiento. Como si me hubiera transportado a otro planeta, a un lugar donde solo me quedaba él y no podía ser perturbada por nada ni nadie. Era una fuga de amor. Respondió a mis besos con la misma intensidad. Saboreé mis propias lágrimas de su boca, incapaz de separarme para recuperar el oxígeno que ya estaba necesitando. Rodeó mi cintura con sus brazos y, acercándome más a su

