CAMILA
— Debería tener más cuidado y fijarse por dónde camina señorita —exclamó exasperado.
— No fue mi intención, señor. Solo tropecé, lo…
— No le pedí explicaciones —dijo con un tono arrogante.
— No se preocupe, no volverá a suceder —exclamé, molesta por su falta de educación.
— Solo fíjese por dónde va para la próxima.
— No creo que haya —murmuré para mí misma mientras me alejaba.
Pero qué tipo tan idiota. ¿Era mucho pedir que lo que tenía de guapo lo tuviera también de educado? Seguro que sí, no se podía tener todo en esta vida y eso sería demasiado perfecto.
Volví hacia la mesa, los chicos estaban allí, bebiendo otro trago. Me senté y vi que también había otro para mí, descarté completamente el resto de mi zumo y bebí un gran sorbo de un líquido rojo que comprobé, era un Manhattan.
— ¿Qué te pasa? —pregunta Liam al darse cuenta de mi reciente necesidad de alcohol.
— Nada, solo que este mundo está lleno de idiotas —susurré, aún molesta.
— ¡Wow! ¿Quieres contarnos qué te pasó? —preguntó mi amiga.
— Fui por un vaso de zumo para refrescarme, tropecé y casi caigo al suelo de no ser por un hombre guapísimo que resultó ser un idiota.
— Continúo sin entender.
— Derramé mi zumo en su camisa, pero ese tipo ni siquiera me dejó disculparme…
Continué contándoles mi fatídico encuentro con el susodicho, pero lo vi acercarse a la mesa de al lado, pasar su brazo por los hombros de una hermosa rubia y decirle algo al oído. Ella dirigió su mirada hasta la mancha que le acababa de proporcionar.
— Es mejor que sigamos bailando —dice Natalia.
Cuando me levanté para ir hacia la pista, el «Señor Idiota» notó mi presencia, aunque seguí caminando, juraría que podía sentir su mirada clavada en mi espalda.
Comencé a bailar en la poco concurrida pista de baile donde las luces nublaban mi visión y raramente podía distinguir si aquel hombre continuaba detallándome o no. Preferí concentrarme en disfrutar, sentir, olvidar todos mis problemas.
Dimos por terminada la fiesta rato después, pero antes de irnos, acompañé a Natalia al cuarto de baño y al salir, uno de mis pendientes cayó al suelo. Me agaché para recogerlo cuando unos zapatos carísimos se acercaron a mí.
Me puse de pie inmediatamente, encontrándome con la cara perfecta del idiota de antes. Esta vez no venía solo, la rubia de hace rato colgaba de su brazo como un mono.
Lucía ansiosa.
— ¿Quieres quitarte de nuestro camino? —exclamó la rubia con la misma arrogancia de su acompañante.
Me observaba exasperada cuando vio que no me moví.
— Seguro, solo deme un segundo —dije con falsa sonrisa.
Levanté el pendiente del suelo tan lento como me fue posible, deleitándome con la cara de exasperación de la mujer y la expresión divertida de su acompañante.
Cuando decidí que era hora de acabar con mi pequeña broma les cedí el paso.
— Espuma para afeitar —murmuré, mirando la mancha de picota que aún persistía en su camisa.
— Anotado.
Desperté a las nueve de la mañana, recordando las palabras que mi padre me decía cuando tenía problemas con alguna materia.
«Todos tenemos problemas, pero no es lo que nos pasa, sino las decisiones que tomamos luego», decía él. Para aquel entonces, estudiar era la mejor decisión, ahora, reafirmaba una vez más que crecer era difícil. Esperaba que el desastre en el que se había convertido mi vida en tan solo un día, pudiese ser remediado al día siguiente.
Me di un baño y bajé a desayunar. Los chicos ya estaban en la mesa esperando por mí. Natalia me tendió el periódico en la sección de empleos. Un trozo de papel que en contadas ocasiones quiero leer, esta vez era necesario.
— El dueño del lugar es amigo de mis padres desde hace muchos años —comenta Liam, apuntando el epígrafe señalado con bolígrafo rojo— si te interesa, házmelo saber, tal vez pueda hacer algo por ti.
— Cualquier cosa estará bien, mientras me dé un buen salario. Algo mejor que el café, de lo contrario no podré traerme a mi familia conmigo.
— Cierto, tu tío está a punto de cumplir su condena —repuso Natalia.
— En año y medio —les recordé como si nada, mirando la sección de empleos.
Mi tío, era la peor persona , despiadada y sin corazón que había conocido nunca. Cuando era pequeña mis padres solían dejarme bajo su cuidado, puesto que ambos trabajaban largas horas al día y él era la persona que siempre estaba en casa. Ese hombre, me obligaba a hacer tareas que una niña de diez años no debería hacer, como trabajos en su taller de mecánica, que se encontraba justo al lado de casa. Cuando me negaba a cumplir alguna de ellas, me pegaba y me amenazaba con pegarle a mi madre (quien era su hermana), si lo delataba. Así fue como, terminaba diciéndole a mis padres que los moretones que siempre traía, eran producto de caídas en la escuela al hacer deportes.
Continué revisando la sección de empleos y encontré dos anuncios para ejercer como secretaria, uno para una pequeña empresa textil, el otro, secretaria y asistente personal del dueño de un viñedo. Este se me hacía más atractivo, además de complejo.
— ¿Hudson Vineyard? Piden experiencia laboral —agregué con una mueca al ver que se trataba del elegido por mis amigos.
—Te conseguiré una cita —aseguró este—. Hudson es el dueño del club que fuimos anoche. No nos vemos hace tiempo, pero solíamos ser “amigos”, mi padre es muy amigo del suyo.
—Entonces llama, ¿qué estás esperando? —le apresuró Natalia.
Liam sacó su móvil, alejándose de la mesa mientras yo intentaba no crearme falsas ilusiones.
— ¡Cuéntanos! —exclamó Natalia una vez que regresó, más entusiasmada que yo.
—Te esperan mañana a las ocho de la mañana para la entrevista, debes enviar tu currículo a la cuenta de correo de la empresa. Te lo enviaré en un mensaje —me mira alzando una ceja— no puedes faltar. Hudson odia la impuntualidad.
— Puedes tener por seguro que allí estaré —exclamé soltando mi desayuno para correr a abrazarlo.
Me dirigí a mi habitación para ponerme manos a la obra y enviar mi currículo a tiempo. Sentada en el pequeño escritorio, encendí mi portátil, mi teléfono vibró con un mensaje de Liam. Una hora después ya lo había terminado y enviado.
Más tarde, envié un mensaje a mi madre, comunicándole que mañana tendría mi primera entrevista de trabajo en una empresa de renombre. Si ese señor que nos ha contado Liam es el dueño, debe ser alguien muy importante.