CAMILA Bajé a la cocina a por algo para comer, con una estúpida sonrisa tatuada en mi rostro. El hombre frío y arrogante que había conocido tiempo atrás, capaz de hacerme la vida imposible, no solo a mí, también a todos los empleados qué, según él no acatábamos sus órdenes; acababa de desvanecerse delante de mis ojos en el momento en el que cruce aquella puerta. Por mi cabeza pasaron muchas cosas: buenas, malas, excitantes e incluso ilógicas. Pero nunca imaginé que lo que yacía detrás de la misteriosa puerta fuese precisamente eso, un emocionante mundo de juegos. ¡Tenía un cuarto de juegos! Y tenía temor a mi reacción. Abrí los cajones en busca de algo para preparar. Encontré algo de frutas en la nevera para Ethan y preparé un cuenco de palomitas para mí. Tomé unas naranjas y comenc

