CAMILA Al día siguiente me quedé en casa, bueno, la casa del jefe. Me había ordenado quedarme y descansar como recomendó el doctor el día anterior. A su ama de llaves, le asignó la tarea de encargarse de mi alimentación. Según él, no quería que lo demandara por explotación laboral. Además, debía prepararme para la cena con sus padres. «Los invitaré a cenar, cuanto antes le hagamos entender a mi madre que vivimos juntos, mejor» —dijo la noche anterior antes de irse a la cama. Lo encontré en el comedor tomando el desayuno antes de marcharse a la oficina, justo a las seis de la mañana (lo que me extrañó porque era extremadamente temprano). Mientras, yo recorría medio adormilada la cocina, usando pantalones cortos y en busca de mi vaso de agua de las mañanas. Me gané unas miradas insinuad

