CAMILA Me quedé de piedra cuando mi jefe me dijo aquellas palabras al oído, totalmente abstraída. Parecía como si hubiese logrado en mí la reacción que andaba buscando, porque, la expresión de su rostro, fue de total satisfacción cuando se alejó un poco para verme a los ojos. No sé cuánto tiempo paso, aún no asimilaba sus palabras. ¿Mi jefe me quería follar o le escuché mal? Tuve que haber escuchado mal, eso era. O definitivamente, me había transportado a un mundo paralelo donde las personas decían cosas incomprensibles. Salí de mi ensimismamiento, cuando el estrepitoso sonido de su teléfono me sacó de mi bruma personal. Miró el identificador de llamada con el ceño fruncido y se alejó de mí. Yo hice lo mismo, necesitaba alejarme de él. El muy maldito me había calentado hasta los pendient

