CAMILA Me volteó para que lo viera a los ojos, pero yo continuaba sin hacerlo. Necesitaba fuerzas para resistir y no terminar cometiendo la mayor estupidez de mi vida. Haciendo caso a la razón, puse un poco de distancia entre nosotros y caminé en dirección opuesta a donde él se encontraba, deteniéndome delante del escritorio. — No puedo hacer esto —murmuré. — Esto es lo que deseas y lo sabes —susurró nuevamente detrás de mí. Mierda, si continuaba acercándose de esa manera, todo se iría al carajo. Apreté los ojos con fuerza cuando me volteó para enfrentarlo. — Abre los ojos —exclamó autoritario, así que lo hice sin dudar. Sus ojos recorrieron mi cuerpo y se inclinó hacia adelante, apoyando ambas palmas de sus manos sobre el borde del pequeño escritorio, apresándome entre ellas. Sus oj

