Lydie volvió a ver su teléfono, eran las 4 de la tarde y suspiró hastiada. Deseaba que la hora corriera con rapidez, se mordisqueaba el labio inferior con poca fuerza, seguía mirando el techo y escuchó movimiento fuera de la habitación.
Abrieron la puerta, y apareció Seth nuevamente. Mirarlo allí le causó cierto alivio, ya no quería que la hora avanzara, pues deseaba poder hablar con él lo suficiente para establecer un acuerdo.
— Descansé un poco y aclaré mi mente, — anunció Seth, mientras tomaba la silla para colocarla cerca de la cama. — ¿Qué dirás en tu defensa?
Lydie se sentó en la cama y abrió la boca para contestar pero Seth levantó su mano para callarla, se estaba convirtiendo en un gesto que le desagradaba.
— Nada, — explicó Seth—, ¿por qué no dirás nada? Pues porque realmente dirás lo siguiente: "Yo, Lydie Lacroix, de tantos y tantos años, soy inocente. Puedo explicar mejor esto, soy inocente porque Adel fue atacado por las tres razas de demonios, y yo sólo soy una Seele, parte del clan desde hace 6 años, y soy la persona más cercana a Adel, así que no me encuentro en posición de hacerle daño a un líder que me ha dado su apoyo en todo". — Concluyó Seth.
La cara de Lydie estaba totalmente seria.
— ¿Te puedo preguntar algo?
Seth asintió con cierta superioridad inflando el pecho.
— ¿Cómo es posible que seas Jefe? — Preguntó incrédula.
Aquello logró que los hombros de Seth cayeran por la decepción.
— Mi discurso es el siguiente, Seth, y tú debes apoyarme. — Lydie aclaró su garganta y empezó: — Yo, Lydie Lacroix, blablablá, soy inocente. Desde hace 9 años le he demostrado lealtad al clan y a Adel Pardaez. Ustedes, Memoriae, vieron en mi memoria todo mi pasado y mi historia; dentro de mí no existe el deseo de actuar con venganza, pues yo misma elegí irme de mi primera tribu, la cual eran los Rebeldes, una de las muchas que existen y hay división entre ellos...
— Okey, okey, ¡entendí! Sí te defenderás, y con la verdad, por lo visto. — Meditó un poco sus palabras. — Sé que entiendes lo que puede suceder ahora y tú...
Lydie negó con su cabeza, la conversación se cortaba en cada interrupción porque había cierta necesidad de imponerse para aclarar los puntos.
— Mira, he convivido con Rebeldes desde que estoy en el Infierno y era un simple pecado vagando, hasta que logré resurgir como demonio, obtuviera piel humana y subiera a estar entre mundanos. — Cierta mentira vibraba en su voz, pero seguía siendo indetectable. El carácter de Lydie empezó a tomar lugar dentro de la habitación, mas no logró abarcarla ya que ella misma sabía cómo actuar. — He visto cosas buenas, malas, horribles, crueles e insensatas. He conocido a mucha gente... Y he estado cerca de un Guardián. No me atemorizan, no los veo con sorpresa ni los creo tan superiores. — Suspiró con cierto pesar. — Yo sé cómo defenderme de esto, pues ya he tenido que salvar mi pellejo muchas veces. — Murmuró. Miró a Seth con un brillo intenso en sus grandes ojos. — Está vez necesito a alguien que me respalde pues no niego que la situación se escapa demasiado de mis manos. — Confesó con cierta intensidad en sus palabras.
Lydie apretó los labios, Seth respiraba pausado.
— Necesito que lo que sea que yo haga allá afuera, sea respaldado y apoyado... Por ti, Seth. — Susurró las últimas palabras, sintiendo un poco de pena al ver que estaba casi suplicando.
— Te dije que lo haría, por Adel. — Asintió Seth. — Supongo que puedo confiar en ti.
Lydie sintió que esa era una buena señal, tal vez Seth sería su palanca en ese caos, y así ella podría solucionarlo. Pero aún sentía cómo algo vibraba dentro de ella con un poco de duda, su instinto la estaba haciendo ver algo con claridad: la muerte de Adel era una invitación.
"Sé que no existe una manera de hablar de esto con él, pero..." Pensó Lydie, sentándose en la orilla de la cama, cerca del joven Jefe.
— ¿Qué llegaste a ver en el Infierno? — Preguntó Lydie.
— Muchas cosas, gente, guerras, batallas, idiotas... De eso último abunda un montón. — Aseguró. — ¿Por qué?
"¿Criaturas Noctas?" Meditó Lydie apretando los labios, "no, aún no es el mejor momento". Sintió que no había una manera de acercarse a él con la verdad, pues él mismo dijo que actuaría en función a una promesa. Aún siendo un Caníbal, sabía que podía romper la promesa con tranquilidad y salir corriendo con Umay para revelarle todo lo que Lydie sabía.
Miró fijamente a Seth, era un hombre que le gustaba tomar todo con humor, sin rencores y seguir siempre adelante, aún cuando el dolor le aquejaba, sabía que no podía hundirse en sufrimientos. Era atractivo, tenía el cabello largo casi rozando su pecho, un poco ondulado y peinado hacia los lados sin mucho esfuerzo, una sonrisa grande, ojos oscuros pues era un marrón muy intenso que se volvía casi de un n***o muy brillante. Su cuerpo era grande, fornido, el tono de su piel era curioso, pues no era tan blanco, ni tan moreno. Lydie vio algo en el que le brindo confianza, pues entendía de Seth que no había malicia en sus gestos. Había ido hasta la habitación cabizbajo, él estaba deseoso de repuestas y comprender mejor los sucesos pues claramente ansiaba un responsable por haberle quitado a su amigo.
- ¿Puedo preguntarte algo antes? – Dijo Lydie, Seth asintió con serenidad. - ¿Por qué tienes temor de Los Guardianes?
Seth carraspeó, Lydie entendió que le ponía bastante inquieto pero ella también quería respuestas si iba a tener en él un aliado en el cual confiar.
- Sé que muchos te señalan por venir de otro clan, particularmente porque era un Rebelde. – Explicó. – Yo también vengo de otro clan, los Morthen. – Suspiró.
Lydie no pudo esconder el gesto de asombro al levantar las cejas.
– Sí, los viejos y molestos Morthen… Supongo que yo nunca encajé allí. No puedo negar que aprendí mucho, estar en un clan ya es mucho pedir para un demonio, pero no esperaba caer justo en el que más gusta y disfruta de joder a otros. – Reconoció. – Me engañaron, tuve que hacerle frente a Los Guardianes por esa idiotez. Y digamos que ya yo tenía expediente, el cual había sido pasado por debajo de la mesa porque los mismos Guardianes sabían que yo era parte de los Morthen, eso quedó a un lado cuando vieron que habíamos roto un trato que tenían los Morthen con los Rebeldes por un maldito territorio, en todo sentido. Uno de Los Guardianes que me hizo el juicio era un Seele, de los tuyos… Ustedes son intensos cuando quieren justicia. A mí me acostumbraron mucho a matar por matar, pero siempre había algo en mí que decía que el mundo no funcionaba así. – Sonrío un poco por el recuerdo que se reproducía en su mente. – Adel intercedió por mí. Siempre fue un hombre de buena fe y regalar segundas oportunidades. Noté en él su valor, y junto a Wann me hicieron sentir parte de algo importante, y procuré nunca defraudarlos. Adel me confió muchas cosas, había cosas en su vida que eran difíciles de entender. Hablaba muy poco de su familia, y no todos sabían que sus padres eran Rebeldes, él tenía una hermana nacida de un pecado mucho más bajo que él, siempre la buscó hasta que en algún momento, casi de manera silenciosa, dejó de hacerlo.
- ¿Una hermana? – Ese era un detalle que desconocía Lydie y le sorprendió.
- Pues sí. Decía que ella era importante para él, pero también que era peligrosa. – Contó Seth. - ¿Sabes? Adel iba a bajar al Infierno ayer, tenía algo… Importante con él. – Lydie recordó lo que había dicho Farah, empezó a interesarse y deseó que Seth soltara un poco más de información.
- ¿Iba a entregar algo? – Indagó Lydie.
- Sí y no, - meditó un poco-, no exactamente. Es difícil de explicar y digámosle “confidencial” – Movió sus dedos para hacer las comillas. – Supongo que aquí ya no hay nada que perder si tendremos una alianza.
“Justo lo que necesitaba escuchar” Pensó Lydie con cierto entusiasmo.
- Adel tenía algo importante con él, un libro. — Seth tragó saliva, no había vuelta atrás en ese punto. — Un libro antiguo sellado con magia Seele bastante avanzada, con algo que puede ser crucial para nuestras razas: cómo matar un demonio.
Farah se lo había dicho, así que un secreto no era para todo el clan que Adel tenía dicho libro con él y que bajaría al infierno para hacer quién sabe qué con eso allí.
— El libro, cuando Adel apareció frente a la sala de reuniones, no estaba. No lo tenía, tratamos de indagar en su memoria para saber qué había ocurrido, pero no se logró nada. — Explicó. — Umay se cerró a la idea de sólo buscarte a ti, pues Adel, antes de salir esa mañana, nos informó que iría a verte y luego bajaría al infierno con el libro.
«— Debes estar muy consciente que revisamos tu casa, y no encontramos el libro. Kir y yo teníamos la misma sensación de que algo no encajaba, y por eso insistimos un poco en saber qué relación había entre ustedes. — Confesó Seth un poco sonrojado. — Claramente no es de nuestra incumbencia la vida sentimental de Adel, pero es que la forma en la que te trataba nos hizo pensar en su pasado... — Titubeó.
Eso último dejó pensando a Lydie, ¿el pasado de Adel? ¿Qué había hecho el hombre para que dudaran de él? No sé imaginaba una sola situación donde Adel era visto de reojo con dudas, eso distaba de su realidad.
— Quisiera entender, Seth, pero no sé a dónde quieres llegar.
— Los padres de Adel eran Rebeldes, y ellos buscaban ese libro. Nunca confesaron sus intenciones, y por eso Los Guardianes actuaron: mataron primero a su padre, torturaron un poco más a su madre para sacarle información pero no lograron nada y el destino fue el mismo. — Decirlo en voz alta volvía aquello muy real. Seth no quería ni imaginar cómo debió sentirse Adel viviendo algo así siendo sólo un pequeño. — A muchos les sorprendió que él terminará en un puesto de Jefe, y más que eso: en sus manos estaba el libro que sus padres habían codiciado.
¿Rebeldes buscando un libro con la información suficiente para matar demonios? Tal vez Seth no sabía del ritual que llevan años intentando perfeccionar los Rebeldes para crear Criaturas Noctas.
Lydie miró un momento la hora en su teléfono, las 8 de la noche. Una hora más y Los Guardianes estaría allí. Decidió seguir escuchando a Seth para comprender mejor el panorama que se avecinaba.
— No te voy a negar que fue un pensamiento un poco tonto, pero luego lo tomé en serio: Tal vez tú, como Rebelde, le pediste a Adel que te diera el libro. Tal vez ya tú estabas confabulando con Adel para lograr lo que sus padres no pudieron, por venganza y rencor a Los Guardianes, y el libro lo usarías con la misma intención que querían los Pardaez, pero no lograron llevar a cabo. Tal vez, sólo tal vez... Tú apareciste en el momento equivocado para muchos, pero justo para Adel y lograr llevar a cabo un plan que ustedes dos tendría años trazando. — Expuso Seth, con cierto color rojo en sus mejillas.
Decir eso no le hacía sentir orgulloso, ¿por qué tendría aquella teoría si él confiaba en su amigo? Porque en el fondo tenía dudas, preguntas sin respuestas, inseguridades y notaba que en la casa de los Jefes, había muchos secretos. Algo ocultaban Wann y Umay, y finalmente Wann perdió la cabeza, muriendo a manos de Los Guardianes sin derecho a reencarnar. Desde ese momento había cierta tensión que lo hacía mirar con detalle a los dos Jefes restantes. Umay era un hueso duro de roer, pero Adel era más sensato y comprensivo, como un hermano mayor que cuida de los más pequeños pues papá y mamá habían salido de casa.
Pero papá y mamá fueron llevados a juicio, muriendo cruelmente. Wann prefirió la muerte antes que seguir viendo a Adel sufriendo cada noche. Umay era una advertencia rubia y con piernas largas. Y Seth entró inexperto, temeroso, inocente a la casa de los Jefes, porque sintió que sólo estaba ocupando una silla que nadie quería ver vacía.
— ¿Desconfiabas de Adel? — Preguntó incrédula Lydie ladeando la cabeza.
— No. — Admitió. — Pero algo me hacía temer. Había una sensación extraña que rodeaba a ambos, Adel y Umay, desde la muerte de Wann. Mi instinto me dejaba claro algo: había un secreto. Se notaba a leguas que alguien allí decidió meter sus manos al fuego, y ese no había sido Adel. — Meditó sus palabras antes de seguir. — Sé que eso sonó a desconfiar de él pero...
— Creo entender. — Aceptó Lydie. — Tu instinto te hacía dudar de lo que sucedía entre ellos, supongo que sí caía uno el otro no tardaría también en hacerlo. — Consideró.
Era lógico sentirse incómodo en un sitio donde casi te habían hecho entrar a la fuerza, así que podía comprender a Seth sin juzgarlo. No había reclamo en su voz, pues era una teoría válida para los acontecimientos recientes.
— El libro en manos de Adel era algo de conocimiento público, como seguramente ya sabes. — Dijo Seth y Lydia asintió. — Kir y yo nos asustamos un poco, pues ese libro no es fácil de abrir pero si fueron capaces de acabar con Adel...
Su silencio mostró su temor sin necesidad de completar la oración.