Lydie organizó sus ideas, deseaba en ese momento poder tener una de sus libretas donde dibujaba pero la imagen de uno de los bocetos del Guardián siendo odiado por Larisa le hizo ignorar ese deseo.
- Okey, Seth, una hora más y empieza el juego. Tengo un par de preguntas más, así que recapitulemos.
- Muy bien. – Cedió Seth.
- Adel tenía el libro con él y todo sabían esto, ¿cierto? – Empezó Lydie y Seth asintió. – Si esto era de conocimiento público, ¿Por qué dijiste que era confidencial?
- El libro no es lo confidencial, de qué va el libro tampoco. Lo que no es dominio público es el rito que contiene el libro para matar demonios, por eso está sellado con magia Seele.
- ¿Hay alguien, además de un Guardián, que pueda abrir el libro?
- Sólo pueden abrirlo los Seele porque el libro reconoce quién hace la magia para poder develar su contenido.
- O sea que existe la posibilidad de que cualquier Seele que domine esta magia avanzada pueda abrir el libro, ¿no?
- Ehhh… ¿Supongo? – Dudó, encogiéndose de hombros,
- ¿Supones? – Chilló Lydie. - ¿A qué te refieres con “supongo”, Seth?
Lydie quería golpearlo, pero sabía que eso no resolvería nada en ese momento.
- Mira, ¡yo no hago las reglas! Los de tu r**a son los líderes aquí, ustedes son los lógicos. – Señaló, sintiéndose un poco nervioso al pensar en la posibilidad de ese libro en manos de alguien… ¿malo? No, a todos los demonios los corroe la maldad, simplemente considerar el libro fuera de la vigilancia de los más sensatos le hacía temblar.
Volvió a ver la hora en su teléfono y sólo quedaban unos 20 minutos en los que seguramente Umay ya estaría de camino a la habitación para llevar a Lydie al pasillo subterráneo que había debajo del salón de reuniones. Los Guardianes debían ya de estar subiendo, con la suficiente parsimonia para hacer que más de uno perdiera los nervios hasta clavarse las uñas en las palmas de las manos.
- Bien, bien, ¡concéntrate! – Exigió Lydie. – Umay vendrá, tal vez con Kir, para presentarme. Sí el juicio va a mi favor, perfecto, pero si no es así: exige siempre que me permitan demostrar mi inocencia, no importa lo que digan, tú te opondrás. Apóyame como sabes que Adel siempre ha apoyado a los que demuestran lealtad y cambio.
Con cada hora que pasaba, más gris debía estar el cuerpo de Adel y sería más difícil buscar pruebas en el. Pero confiaba un poco que los años de guerra de Adel no habían hecho suficiente mella como para desgastar su cuerpo tan rápido. Lydie deseaba en ese momento poder hablar con Kir y pedirle que convenciera a uno de los chicos a su mando que hiciera un rito de los Memoriae para conservar algo en buen estado, pero sabía que no estaba en posición de solicitar algo así, menos a alguien que no dudaba en darle un buen puñetazo sólo por rabia.
- Seth, ¿tienes deudas con Los Guardianes? – Preguntó Lydie pensando en lo que le había contado hace un rato ya.
- Hice cosas que nunca fueron llevadas a juicio, así que tengo algunas notas en mi expediente. – Admitió.
- ¿Crees que si me defiendes, ellos no te tomen en cuenta si abogas por mí?
- Sólo si el Kudya Munthu que llevaba mi caso es uno de los que sube, puede que mi palabra pierda un poco de peso. – Confesó.
Esa confesión logró que un escalofrío recorriera la espalda de Lydie. Muchas cosas podían salir mal, pero se concentró en las posibilidades a su favor.