Terminada la obra, a casa.

1540 Words
Seth miró a Umay, tragó saliva y espero a que Lydie bajara después de que Los Guardianes se fueran por el portal un poco aburridos porque esperaban algo de acción. Se acercó a ella junto con Kir y la llevaron devuelta a la habitación. Umay se sentía complacida con la decisión, y miró a Lois con una ligera sonrisa surgiendo en sus labios. Soltó un suspiro de satisfacción, se retiró cuando la gran mayoría de los demonios salió de la cueva subterránea; nadie la vio el resto de la noche. Lydie tendría hasta el próximo domingo para demostrar su inocencia, y algo la hacía pensar que eran pocos días para encontrar el libro. Conocía su forma, podría reconocerlo ya que los Mortarium eran, en su mayoría, de cuero marrón un poco desgastado, hojas amarillentas y con letras negras rezaba su nombre en el lomo del mismo que sólo podían leer la r**a Seele con más años demoniacos. Se sentía nerviosa, y un poco ida en sus pensamientos, ¿por qué? Si le habían dado la oportunidad que deseaba. Pues porque encontrar un Mortarium era, como las preguntas, con doble intencionalidad de parte de Los Guardianes. Hexu sabía que un Rebelde conocía a la perfección la historia donde El Impostor había tomado los 3 Mortarium para entretenerse. Lo único que se desconocía de toda la leyenda, era la identidad del Rebelde. Muchos decían que era el demonio nacido del pecado más bajo y con una mente muy astuta; se decían muchas cosas, había muchas dudas alrededor de la leyenda, algunos tenían sus teorías. Los Rebeldes más viejos conocían el libro, eran pocos quienes lo deseaban pero no era un secreto para nadie: buscaban los Mortarium. Codiciaban su interior para volver a tener el conjuro perfecto y sin fallas para crear Criaturas Noctas. Todo demonio con un poco de raciocinio, sabía que nada bueno podía salir de matar a un demonio, devolverle la vida a través de magia y quebrar todo dentro del mismo para formar aquel horrible monstruo. - Hexu dio su juicio, ¿qué harás ahora? – Preguntó Kir, mirando fijamente a Lydie, quien se había mantenido con la boca cerrada hasta que llegaron a la casa de los Jefes. Su mirada se iba hacia el horizonte, como si estuviese desconectada del mundo. Lydie daba vueltas en su palacio mental, pues el hechizo del Memoriae aún se sentía en su interior, no quería volver a cometer la misma idiotez. - Realmente lo que quiero entender es… ¿Qué carajo pasó? – Se exasperó Seth. - ¡Por favor! ¿Cómo por una sola palabra tomas una decisión? Lydie respiraba pausadamente, seguía examinando el hechizo que tenía para los recuerdos de su vida Rebelde, no quería encontrar ningún forcejeo ni grieta. - Una palabra puede cambiar el rumbo de muchas cosas, Seth. – Dijo Kir, restándole importancia con un ligero gesto de su mano. Seth y Kir estaban sentados en las sillas y Lydie estaba con las piernas cruzadas sobre la cama. Seth estaba inclinado con las rodillas sobre sus piernas, y Kir se encontraba estirado en la silla con las manos detrás de su cabeza con una expresión bastante seria. - Aunque debo admitir que fueron bastante… ¿desinteresados? Es como sin importar lo que dijera Lyd, igual iban a tomar esa decisión, se sentía un poco planificado. – Reflexionó Kir en voz alta. Y podía tener razón, podía ser que Los Guardianes realmente estaban tramando algo. Pero había muchas piezas sueltas. Lydie aún quería ver el cuerpo de Adel, pero ni siquiera Kir podía cumplir con esa petición. ¿Cómo lograría encontrar lo que necesitaba entonces, si le negaban la respuesta a la incógnita que dominaba la escena? - ¿En serio no puedes hacer nada para que pueda ver a Adel? – Insistió Lydie por tercera vez, quien había hecho la pregunta dos veces con intervalos de cuarenta minutos de silencio. - Ya te dije que no, es la tercera y última vez que lo hago. – Respondió severo, Lydie hizo un mohín y se sintió un poco tonta por ese gesto. – Además, ¿qué vas a lograr con eso? Está muerto en ambos estados, sus almas desaparecieron y lo poco que quedaba de su memoria es errático. - Es Adel, algo debió esconder… - Murmuró Seth, Kir volteó a verlo levantando la ceja. Muchas veces sintió que Seth era muy confiado. Compartían r**a, ideas, más no comportamientos. A Kir siempre le había sorprendido que Seth terminara como Jefe, pues ambos eran Caníbales, y naturalmente eran manos derechas. No sentía celos del puesto del muchacho, pues ambos eran cercanos a Adel y comprendían porqué estaban donde los había colocado. Pero Seth no se equivocaba con su comentario, aún con lo confiado que soltaba las palabras. A veces Kir sentía que Seth no tenía filtro, ni con los demonios más respetables. Adel siempre ocultaba algo, para sí mismo, y también había un secreto compartido entre él, Umay y Wann. Hubo algunos del clan que murmuraban que compartían ese secreto por amistad y lealtad a Adel, lamentablemente Wann pagó con su vida al retar a Los Guardianes con su prepotencia, detestaba la manera arbitraria en la que actuaban y se negaba a dejar a su amigo en manos de un juicio cruel de parte de esos gigantones. Kir recordaba mucho a Wann, era un hombre callado, amable y un poco tímido; sabía que Adel también pensaba en él, pues le debía la vida. - Puede que haya ocultado algo, tienes razón, pero si ya hicieron lo ritos necesarios para que su cuerpo pueda ceder a las cenizas sin interrupciones… No hay nada que hacer allí. Buscarás en vano, ni siquiera sé qué deseas ver. – Dijo Kir, exhalando aire mientras se enderezaba en su silla. Kir se había unido a Lydie y Seth porque confiar en Umay era como confiar en la honestidad de un mundano, los cuales le desagradaban mucho. Prefería quedarse cerca de los suyos, aún tenía dudas de la lealtad de Lydie. No se sentía en la total libertad de poder hablar con ella sin sentir que le iba a mentir, hasta si no le mentía, ya tenía cierta aversión por la pelinegra. Nunca iba a negar que Lydie fuera hermosa, en ambos estados. Mas la belleza era algo secundario para Kir, si sentía que su encantador rostro tenía cosas que ocultar. Cuando el Memoriae mencionó el hechizo que tenía Lydie para mantener guardados sus recuerdos de los primeros años de su existencia, muchas preguntas brotaron en su cabeza. ¿Cómo conocía esa magia? ¿Cómo podía hacer tal hechizo siendo tan joven? ¿Por qué a Hexu no le interesó indagar en esos recuerdos? Lydie se lo ofreció y declinó, ¿por qué no los mencionaron hace seis años cuando la hicieron parte del clan? Sintió una repentina curiosidad por ella, pero iría un paso a la vez. Lydie se mantenía respirando pausadamente, seguía en su palacio mental con los ojos abiertos. Algo difícil pero para todos los años en los que debía pensar antes de actuar, ya era algo de suma facilidad para ella. Podía ver cada puerta desde un agradable vestíbulo, había un largo y estrecho pasillo de mármol blanco que se abría paso hacia la izquierda, una ligera canción surgía desde el fondo del pasillo que la hacía sentir parte de un baile dulce que le erizaba los vellos de los brazos y la nuca. Estar allí le causaba cierta tranquilidad, pues Lydie podía controlar todo dentro de ese lugar. Cada recuerdo, emoción, pensamiento, sensación, todo estaba perfectamente controlado y organizado. La Lydie salvaje se encontraba encerrada en un rincón hacia el lado derecho, en un pasillo bastante oscuro que no le agradaba recorrer, el ser gritaba de vez en cuando y le hablaba con sadismo sobre las personas con las que convivía la Lydie “normal”. - Sí tengo siete días para demostrar que yo no maté a Adel y recuperar el maldito libro, es mejor que me vaya a mi casa si no necesitan nada más de mí aquí. – Anunció Lydie, dispuesta a levantarse si ninguno hablaría. - Sé que quieres ir a tu casa, Lyd, pero estamos tratando de entender qué sucedió en el juicio. – Habló Seth, buscando ser el racional. No había nada más qué indagar de ese juicio, Lydie era consciente de ello. - Me voy. – Respondió, se levantó y se dirigió a la puerta. - Vamos, Lyd, tres cabezas piensan mejor que una. Hemos hablado los dos de qué podríamos hacer y tú sólo insistías con verlo, Adel no te dará las respuestas estando muerto. – Insistió Seth. Lydie no se dio vuelta, tomó el pomo y asintió: - Lo sé, pero aquí, justo ahora, no hay nada más qué hacer. Mañana iré a hacer algunas cosas, necesito ver a alguien. Abrió la puerta y cerró detrás de ella. Algunos hombres de Kir caminaban dentro de la casa despreocupados, cuando la vieron pasar sus gestos cambiaron. Ella sabía que sería así por un tiempo, hasta si lograba demostrar que no tenía culpa de nada. Recuperar la confianza de cientos que la vieron sentada justo donde más podían juzgarla, no sería sencillo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD