Reclamos.

1536 Words
El sonido de una alerta despertó a Lydie. Se sintió frustrada, pero igual tomó su celular. La estaban llamando, contestó sin fijarse en quién era. — ¿Qué? — Murmuró, cansada. — Espero que me expliques con detalle porqué entraste a la casa a ver a Adel. — Bramó Seth, con la voz acelerada. — Estoy en 5 minutos en tu casa. — No. — Respondió fríamente. Miró la hora: 7 de la mañana. Volvió a colocar el teléfono en su oreja. —... y pretendes hacer lo que te da la gana, pero créeme que el mundo no funciona así sin más porque tú... — Seth seguía hablando en susurros contra el teléfono para evitar llamar la atención, pero estaba claramente molesto. Lydie escuchó como tocaban la puerta con apremio. Se apuró a abrir, consideró que si no lo hacía, tiraría la puerta. — ¡Porque tú, insufrible Rebelde, sin un ápice de interés en respetar algo tan simple como no entrar a una habitación que se te dijo que no entraras, vas y lo haces! — Bramó Seth cuando Lydie abrió, muy cerca de su cara. — Vi lo que necesitaba, y me queda claro que me incriminaron de algo que hizo, ¡oh, sí! Un caníbal. — Soltó con sarcasmo y cierta rabia. — Ve de cacería con tus hombres a buscar a tu maldito Kudya Munthu que acabó con Adel. — Dijo, iba a cerrar la puerta pero Seth entró. — ¿Qué? — Dijo desconcertado. "Nadie respeta mi casa, al parecer..." Pensó Lydie, y caminó hacia la cocina. Estaba descalza, su cabello largo estaba enredado, aún se sentía cansada, y esa visita en particular no le alegraba para nada. — Lo que escuchaste. — Bostezó, se sirvió agua y le hizo un gesto a Seth por si quería, éste negó con la cabeza y se sentó en una de las sillas del comedor. — Umay... No quiso que viéramos mucho rato el cuerpo de Adel. Y sí, todos sabíamos que fue atacado por varios, pero ¿caníbales? Son la r**a que siempre está del lado de los Seele. — Parecía que Seth hablaba más para sí mismo, para armar su propio rompecabezas con paciencia, que con Lydie. — Mientras tú piensas porqué Umay me odia tanto, yo iré a darme un baño y cambiarme. — Dijo Lydie. — Tengo que reportarme enferma en mi trabajo humano, para poder salir a hacer algunas... Visitas. Que espero sean más oportunas que éstas. Seth se quedó levemente sorprendido, a esa Lydie ciertamente la desconocía, era similar a ver un nuevo demonio renacer en una piel humana. Él no tenía esa cercanía a Lydie, y se quedó inmóvil pensando en lo que le había dicho... "Un caníbal", por eso Adel tenía esas horribles marcas en su cuerpo, ¿pero sólo ellos? No, no era posible. Él podía reconocer que eran demonios fuerte, pero delante de un Seele podían morir, después de un poco de batalla claro está, más vencer magia concentrada y venenosa como la de un viejo Seele le pareció absurdo. También se preguntó qué podría hacer un Kudya Munthu con un Mortarium Seele. Ni podrían abrirlo si lo intentaban, podrían morir de hecho, a menos de poseer un poder tan antiguo como un Guardián. "¿Guardianes caníbales se unieron para matar a Adel?" Meditó, con los ojos entre cerrados. ¡Cómo sería eso posible! Le empezó a dar vueltas la cabeza, sentía que nada conectaba y había muchas lagunas. Deseaba con todas sus fuerzas poder encontrar las piezas faltantes a ese gran rompecabezas, pero sintió que cada vez que intentaba encajar una pieza, todas las demás debían ser reacomodadas. — Muy bien, ¿cómo te diste cuenta? — Inquirió, levantando una ceja. Lydie se había tomado unos 30 minutos para alistarse, Seth se sintió intimidado delante de ella por unos segundos. La piel que lucía cubría un demonio Seele que resultaba dolorosamente hermoso, y era difícil no admirarla pues destacaba dentro de un gran batallón. Seth recordó todas esas veces que Adel pedía tener a Lydie en primera fila junto a él, eran el dúo perfecto. La gracia con la que Lydie blandía su espada, su piel canela en contraste con las llamaradas de su cabello largo, lo bien que combinaba cada movimiento junto a Adel, quién combinaba los movimientos de su hacha con los certeros golpes de sus grandes puños podía derrotar a varios sin mayor inconveniente, sus ojos negros brillaban con intensidad al ver a todos sus enemigos esparcidos en el suelo, con la sangre tiñendo el suelo, su hacha goteando y buscando a su compañera con una ligera sonrisa en los labios. Eran un cuadro admirado por todos, causaban furor, y sentían que había una gran conexión entre ellos a un nivel difícil de explicar. — La daga en esa habitación es mía, la colocaste en el sentido contrario a la que la había dejado... Hace 6 años. — Ladró Seth. Claramente Lydie no había notado ese detalle, el polvo no lo iba a notar con los nervios, el apuro y la falta de claridad. Resopló, fue descubierta de la manera más tonta posible. Caminó hacia la nevera. — ¿Quieres desayunar? — Ofreció Lydie, desinteresada. — ¿Tú valoras tanto tu vida como presumes? — Reprochó y se sentó en una de las sillas que rodeaba la isla de la cocina. Lydie sacó varias cosas de su nevera, y en silencio se dispuso a cocinar. Recordando algunas canciones de los humanos, se movía con soltura en ese espacio, sintiéndose a gusto con cada cosa que iba preparando. — ¿Puedes tomar mi teléfono? Lo dejé en mi habitación. Última puerta al fondo del pasillo. — Pidió Lydie, quién terminaba de hacer tostadas y colocarlas en un plato. — Eh... Está bien. "Todos toman el puesto de líder mejor que yo, o eso parece", pensó Seth. Entró a la habitación, el cuarto de Lydie era espacioso, tenía un baño dentro. Una cama matrimonial, mesas de noche la rodeaban, un gran clóset, y cerca de un espejo de cuerpo completo estaba una mesa con varias libretas en fila. Seth se sintió tentado a revisarlas, pero buscó el teléfono primero. "Puedo buscar allí, cerca...", pensó. Se acercó y las ganas de husmear fueron más fuertes de lo que quiso, tomó una de las libretas y la ojeo. "¿Dibujas?", miraba los detalles trazados en el papel, la delicadeza de los rostros y las fechas anotadas debajo de algunos dibujos. — ¿Seth? — Dijo Lydie desde la cocina. Dejó la libreta en su lugar, miró todo el cuarto y vio el teléfono sobre la mesa de noche, lo tomó y salió rápidamente. — Aquí está. Deberías limpiar más seguido tu habitación. — Hay semanas que no paso tanto tiempo aquí como parece. Lydie tendió un plato delante de él, Seth se sorprendió y lo tomó. Lydie se sentó en una de las sillas del comedor, comiendo en silencio. Seth la acompañó y agradeció en un susurro apenado por la comida. No le molestaba para nada el buen gesto, pero se avergonzaba de haber ido en primera instancia con un gran reclamo hasta su puerta cuando claramente ella ya debía estar cansada de todo aquello. - Eh, Lyd, ¿qué harás para recuperar el libro? – Preguntó con cierta calma. - No tengo la menor idea. – Respondió, antes de comer el último pedazo de su tostada. - Me encanta tu plan, no lo niego. – Dijo con sarcasmo, Seth sintió otra vez esa vibra de que algo estaba siendo oculto y el ambiente podía tensarse en cualquier momento con el más mínimo gesto, así que no quiso arriesgarse más allí adentro. – Creo que mejor vuelvo a la casa, no le dije a nadie a dónde iba… - No, lo que me agradaría escuchar en este momento, además de que te vas de mi casa, es: ¿esa habitación donde está el cuerpo es tuya? Seth se tensó, no esperaba escuchar preguntas de parte de Lydie, pues había sido él quien estaba allí molesto esperando una explicación. Se había metido en las fauces del lobo voluntariamente, y fue realmente tonto de su parte. No había pensado con claridad al tomar esa decisión. - No. Era de Wann. – Respondió con seriedad. – La daga era de él, y antes de morir me la dejó a mí. Yo ocupé su puesto, pues alguien debía estar en su lugar. - ¿Eran muy amigos? - No, pero nos teníamos cierto aprecio. Era un buen hombre, un guerrero magistral. Te hubiera gustado su técnica, a decir verdad… - Reconoció Seth. - A veces creo que todo lo que rodea al clan Deamonium no es más que misterio y secretos. - Podemos asegurar lo mismo, Lydie. Se dio por concluida la conversación, Seth asintió, se levantó y se fue. Lydie escuchó cuando la puerta se cerró y sintió un ligero alivio, la mirada le viajó por toda la cocina, soltó un leve suspiro. Tomó su teléfono y llamó a Olivia, esa parte de su vida debía de tomarla en cuenta, aunque dudaba tener la fuerza suficiente para comentar la muerte de Adel con ella.
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