- Hola, papá - Tonya no pudo contener una sonrisa al escuchar la voz de Eduardo al otro lado de la línea - ¿Cómo va todo? -
- Hola, Tonya. Por aquí todo bien. ¿Cómo estás? -
- Bien, bien… ¿Cómo está Maya y mi hermano? -
- Erick estuvo un poco resfriado, pero nada serio -
- Sí, eso me dijo Franco -
- ¿Hablaste con Franco? - exclamó sorprendido - ¿Cómo es que te hablas con él? A mí apenas me llamas -
- ¡Ay, papá! No empieces. Sabes que el colegio me absorbía por completo, pero ahora quiero tomarme un tiempo. ¿Qué te parece si los visito? -
- Nada me gustaría más, hija. ¿Cuándo podrías viajar? -
- Más pronto de lo que crees - rio - Pero no sé si sea una buena idea, si Erick está enfermo -
- Bueno, Tonya, cuando estés aquí ya él se habrá recuperado -
- ¡Papá ya estoy aquí! - exclamó sin poder contenerse.
- ¿De qué hablas? -
- Llegué el viernes -
- ¡Tonya! ¿Es una broma? -
- No, claro que no. Fui ayer a casa de Franco, quería darte la sorpresa -
- ¿Fuiste donde Franco? ¿Por qué no me dijiste que vendrías? ¿Dónde te hospedas? -
- Son muchas preguntas, papá. ¿Qué tal si me das una hora y lo hablamos en persona? -
Le escuchó reír al otro lado de la línea.
- Te esperamos, entonces -
-0-
Como si fuera una niña, se lanzó a los brazos de su padre en cuanto abrió la puerta.
- ¡Tonya! ¡Es cierto! - la abrazó con ternura.
¡Ah! Era reconfortante estar en brazos de su padre.
- Pasa, pasa -
De inmediato vio la fina figura de Maya acercarse por el pasillo.
- ¡Maya! -
Un abrazo tan cálido como el primero unió a las dos mujeres.
Cuando sus padres se divorciaron, no se preocupó mucho por qué sucedería si encontraban una nueva pareja. Su madre no pensaba más que en el trabajo y su padre era un tipo muy tranquilo que salía poco.
De hecho, el divorcio fue propuesto por Dafne. No era que hubiese sucedido un evento particular que produjera la ruptura. Ella solo se aburrió. Se habían casado muy jóvenes y luego de quince años de matrimonio, ella sintió que necesitaba un cambio. A su padre le tomó por sorpresa la decisión, pero aceptó sus condiciones y de un día para otro, era un hombre libre, aunque con muchas responsabilidades económicas que lo mantenían atado a su familia.
Estaba segura que su padre no pensaba volver a salir cuando conoció a Maya. De hecho, Franco y Lidia habían organizado una cita entre Maya y Michael cuando Eduardo se encontró con ellos.
Con el paso del tiempo, Maya y Eduardo se hicieron amigos, con una atracción subyacente que ninguno de los dos quiso admitir inicialmente. Ella, porque tenía reservas de involucrarse con un hombre divorciado, con una hija y con ingresos comprometidos. Él, porque Maya era una mujer impulsiva, alegre, que le desconcertaba a cada momento. Además, no estaba seguro si había algo entre ella y Michael y siendo su divorcio tan reciente, no quería precipitarse.
Finalmente, ninguno pudo seguir negando lo que sentía y comenzaron a salir.
Tonya conoció a Maya de una manera inesperada, mientras se quedaba en casa de Eduardo, pues su madre había salido de viaje. Le simpatizó de inmediato y luego de tan solo de unos minutos de charla, fue con ella a una clase de danza con su artista favorita.
Jamás podría dejar de agradecerle por la mejor experiencia de su vida, pero más allá de eso, Maya se convirtió en una gran amiga y consejera.
- ¿Cómo es que estás aquí y no sabíamos nada? - dijo Maya cuando se separaron.
- ¡Sorpresa! - dijo Tonya con un gesto gracioso.
- Sí que nos sorprendiste - intervino Eduardo - Ven, siéntate. Supongo que tienes mucho que contar -
- ¿Y Erick? - Tonya se volvió a Maya.
-Está durmiendo. Hoy se levantó mucho mejor -
- Me alegra -
Se acomodaron en la sala y rápidamente Tonya contó sus planes a la pareja.
- Estoy desconcertado, Tonya… Nunca me hablaste de esto -
- Lo sé… Lo siento… tengo un lío en la cabeza… Creí que para el momento que saliera del colegio sabría qué querría hacer con mi vida, pero… nada -
- Supongo entonces que lo mejor es tomarlo con calma - dijo Maya con dulzura.
- Eso creo yo también. Por eso vine -
- ¿Tu madre sabe todo esto? -
Tonya asintió.
- No le agradó mucho la idea… Creo que teme que luego no vuelva a México -
- ¿Ella está bien? -
- Sí, bastante bien. Ahora está en Panamá y en unos días se reunirá con Jerónimo en Guadalajara - hizo un gesto despectivo.
- ¿Él no te agrada? - Eduardo la miró fijamente.
- Es un buen hombre, tengo que reconocerlo y trata a mamá como una reina, pero es tan… burdo… Supongo que por eso está fascinado con ella. Mamá es elegante, inteligente, profesional y él solo es un ranchero con toneladas de dinero -
- Pero dices que es un buen hombre -
- Sí, lo es. Siempre nos ha tratado muy bien, pero no esperes tener una conversación muy profunda con él -
- Si ha logrado un imperio de ese tamaño, debe ser un hombre inteligente - replicó Eduardo con una sonrisa - Solo que no en el campo académico -
- Eso fue lo que dijo mamá - asintió Tonya.
- Lo cierto es que me alegra que ella no esté sola y que haya encontrado a alguien que la valore -
La joven sonrió.
- Ahora bien - Eduardo exhaló un suspiro - no creo que debas quedarte con Flora -
- Alto ahí - hizo un gesto con la mano - Ni lo pienses, papá -
- Tonya, creo que deberías quedarte con nosotros -
- Papá, no me lo tomes a mal, pero no quiero pasar las próximas semanas en la habitación de mi hermano -
- Podemos acondicionarla para ti -
- Quedarme con Flora es parte de la experiencia - hizo una mueca divertida - Es un apartamento hermoso y céntrico, cerca de la universidad… Tengo mi propio dormitorio - escaneó su rostro - Sé lo que estás pensando… pero ya tengo dieciocho años, no me trates como una niña -
- Bueno, Tonya…
- En México pasaba mucho tiempo sola. Sabes cómo es la vida con mamá, todo se trata de trabajo. Aprendí a valerme por mí misma, a ser responsable con mis asuntos y no hacer tonterías -
- ¿Estás segura? No es eso lo que ella me dijo - Eduardo sonrió divertido.
- Sí, sé que le di algunos dolores de cabeza de adolescente, pero era inevitable. Ella y yo chocamos y discutimos, pero luego nos arreglábamos -
Maya tomó la mano de su esposo e hizo un gesto con la cabeza.
- Papá, te prometo que puedes confiar en mí. Estaré cerca y ocupándome de la universidad -
Eduardo guardó silencio un momento, pero finalmente asintió.
Disfrutó mucho de pasar el día con su padre y su hermano. Erick tenía ya dos años. Apenas había tenido la oportunidad de estar unos días en casa cuando él nació.
Era un niño moreno, de cabello n***o y hermosos ojos cafés, como los de su madre. Tenía mejillas llenas y sonreía a su hermana, a pesar de que aún estaba algo somnoliento por el resfrío.
Maya y Eduardo tenían una vida sencilla y tranquila. Él tenía un trabajo estable en una institución estatal y ella era diseñadora gráfica independiente, también tenía un trabajo de medio tiempo como instructora en una academia de baile. No vivían en la opulencia, pero era una pareja feliz. Se amaban inmensamente y la llegada de Erick había sido una gran alegría.
Maya era una buena influencia para su padre. Desde que estaban juntos, él sonreía con más frecuencia, se había vuelto más activo y sociable, mientras él daba a Maya la estabilidad y seguridad emocional que durante mucho tiempo ella había añorado.
Como toda pareja, habían tenido que enfrentar momentos difíciles. Uno de ellos, su accidente. Su condición era tan delicada que Eduardo había dejado a Maya por un tiempo, para volver con Dafne. Ambos habían creído que Tonya necesitaba a sus padres juntos y que debían reconstruir su matrimonio por el bien de su hija.
Sin embargo, eso no sucedió. Su padre estaba realmente enamorado de Maya y no fue capaz de volver a ver a Dafne como antes lo hacía.
No fue sencillo que Maya lo aceptara de vuelta. El hecho de que Eduardo la dejara para volver con su exesposa, a pesar de sus justificaciones, la hirió profundamente.
Con paciencia y esmero, Eduardo trató de recuperarla y al final, luego de un tiempo, pudieron al fin estar juntos de nuevo.
Tuvieron una sencilla y hermosa boda una tarde de julio y un año después, llegó Erick a sus vidas.
- Ahora que estoy aquí - dijo Tonya mientras se despedía de Maya - Quisiera tomar clases en la academia -
- Claro que sí. Catalina estará encantada. Pasa por la academia cuando tengas tiempo libre y veremos qué te interesa -
- De acuerdo. Te hablo mañana - le dio un beso en la mejilla.
- ¿Y a mí me llamarás también? - Eduardo se acercó cargando al niño.
- Sí, lo haré - sonrió y besó a ambos - Avísame cuando los chicos se reúnan -
- Creo que Franco organizará un partido esta semana -
Sus ojos se iluminaron.
- Genial. Avísame y los acompañaré -
Hizo un gesto de despedida y dejó el apartamento de su padre.